Archivos Mensuales: septiembre 2015

Festival Budista Tibetano. Pequeño Tibet III

Monasterio de Phayang

Monasterio de Phayang

Un nuevo día amanece y temprano salida hacia el Monasterio de Phayang. El nombre del monasterio significa Montaña Azul, y dicha montaña está situada detrás del monasterio. (Este es el 3er post sobre Ladakh, Pequeño Tibet. Anteriormente Nueva Delhi 1 y Leh, Pequeño Tibet 2.)

Se dice que en el siglo XVI un Lama Gelugpa permaneció en el área acampado para contemplar la belleza del lugar. Mientras meditaba, vio a la protectora de Achi montada en su caballo azul. Pensó que la visión era un auspicio y decidió construir el monasterio en lo alto de la colina.

El monasterio es conocido por sus antiguos muros pintados y colecciones de thangkas. Está habitado por 100 monjes y también alberga una escuela para impartir enseñanzas del budismo así como educación moderna.

Es famoso el festival de Phyang por sus danzas, música y baile con máscaras.

Normalmente hay que subir para llegar a los monasterios y yo físicamente sigo bastante mal, como relaté en mi anterior post .Las subidas las llevo fatal.

A la llegada al recinto destinado al festival nada parece que vaya a suceder, es más no hay ni público, que irá apareciendo lentamente más tarde. Es perfecta esta ausencia de gente porque se puede ir viendo todos los pasos del procedimiento sin tanta  gente como se unirá posteriormente al evento. No es muchísima, pero tampoco el recinto es demasiado grande, así que más tarde será un poco incómodo.

Van apareciendo los monjes que serán los que marcarán, con el sonido de una especie de tambor que se coloca en posición vertical,  las diferentes fases del festival.

Iniciando el festival budista tibetano

Iniciando el festival budista tibetano

Destaca la desgastada vestimenta del monje situado en el centro

Destaca la desgastada vestimenta del monje situado en el centro

Aparentemente es una ceremonia informal, aunque seguramente sea formal para ellos. A pesar de usar una indumentaria más rica que la ordinaria, no parece que haya demasiado protocolo y los monjes sonríen, mas tarde se ríen con los niños que juegan en el recinto, se distraen y parecen disfrutar con todo lo que sucede alrededor. Los responsables que presiden el evento, emiten un mensaje corporal de tranquilidad. Se podría calificar como casual, próximo, humano.

Se comienza  desplegando un tapiz gigante. El tapiz viene transportado por bastantes hombres y obviamente es muy pesado. Lo desenrollan con mucha habilidad, lo extienden y suben. Es espectacular. Mide 4 pisos de altura. En él está representado buda que preside todo el festival.

Inmenso tapiz que se despliega para el festival.

Inmenso tapiz que se despliega para el festival.

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Se da inicio al festival

Posteriormente salen los pequeños que estudian en la escuela alojada en el monasterio con una especie de grandes trompetas que son las que anuncian el inicio del festival.

Apertura del festival

Apertura del festival

Los instrumentos musicales están decorados con coral

Los instrumentos musicales están decorados con coral

A continuación del ceremonial de tambores y trompetas, además una especie de desfile de los niños del monasterio (en las fotos) comienza lo que serán las propias danzas.

El vestuario es rico en su colorido y diseño como asimismo las máscaras que se utilizan para completar la representación. Todo obedece a un orden y significado que realmente no podría explicar más allá de la eterna lucha entre el bien y el mal, los demonios y las divinidades. Los movimientos, las máscaras, vestimentas, los zapatos son extraordinarios. Un espectáculo al que merece la pena asistir.

Festival en Phayang

Festival en Phayang

Festival en Phayang

Festival en Phayang

Festival en Phayang

Festival en Phayang

Festival en Phayang

Festival en Phayang

 Monjes danzando en el festival en Phayang

Monjes danzando en el festival en Phayang

Monjes danzando en el festival de Phayang

Monjes danzando en el festival de Phayang

Festival en Phayang

Festival en Phayang

Hasta aquí una serie de imágenes que fueron tomadas en las diversas fases en las que se desarrolla las distintas danzas del festival que dura horas y que son más ilustrativas que cualquier explicación.

Festival en Phayang

Festival en Phayang

Las mujeres visten sus mejores galas y joyas para la ocasión

Las mujeres visten sus mejores galas y joyas para la ocasión

Bastantes mujeres visten ataviadas para la ocasión con sus mejores joyas y vestuario. Los sombreros son los típicos de la zona. Los hombres mayoritariamente portan rodillos de oración.

Antes, mientras y después del festival propiamente dicho, los fieles pasan a rendir culto en las dependencias del monasterio.

Subiendo a orar en Monasterio Phayang

Subiendo a orar en Monasterio Phayang

Fieles en el Monasterio de Phayang

Fieles en el Monasterio de Phayang

Hay que descalzarse antes de subir

Hay que descalzarse antes de subir

Salimos del festival pasando por el monasterio propiamente dicho, subiendo por sus empinadas escaleras hasta donde están las pequeñas estancias frecuentemente bastante oscuras, iluminadas por velas o aceite y a donde suben los devotos despues del festival.

Al abandonar Phayang después de la espectacular representación, la sensación es un poco triste ya que todo allí ha sido extraordinario, además de la extraña mezcla entre presente y pasado que lo hace más interesante.

Finalizamos el día pernoctando en un campamento permanente, aunque no era ese el plan previsto.

Esta acampada será difícil de olvidar y lamentablemente no tengo fotos porque yo seguía encontrándome fatal. Un dolor bestial de cabeza como en mi vida, a pesar de tomar Dolocatiles a gogó. Recuerdo que sólo quería que me teletransportaran a mi casa. Si con un chasquido de dedos hubiese podido volver, allí habría terminado la ruta; así de mal me encontraba.

El campamento permanente se trataba de unas tiendas de campaña tipo las del ejército, con dos estrechas camas de cemento y como detalle de decoración el cabecero era una semicircunferencia también de cemento. Así que entre la estrecha base de cemento y el cabecero semicircular, parecía que estabas durmiendo en tu propia tumba. Fue impresionante.

Aún recuerdo a Héctor, un inglés de origen hongkonés, matándose de la risa mientras iba recorriendo todo el campamento y diciendo: es la primera vez en mi vida que veo una cama de cemento.

Aún no se si es que ya no podía empeorar o que coincidió pero al día siguiente, al menos el dolor de cabeza había remitido y todo volvió poco a poco a la normalidad. Afortunadamente, la vuelta inmediata a casa había sido imposible y podía continuar el viaje.

Al mismo tiempo que yo mejoré, comenzaron a caer uno a uno el resto del grupo. No hubo nadie que en algún momento no se encontrase entre mal y fatal. Esto de la altitud tiene su tela y era mi primera experiencia en los 4.000, aunque, a pesar de todo, espero que no sea la última.

Valle regado por el rio Indo visto desde el Monasterio de Phayang

Valle regado por el rio Indo visto desde el Monasterio de Phayang

En resumen, un día espectacular en cuanto a la visita al enorme monasterio, el fantástico escenario natural, con su franja verde en los terrenos colindantes al rio Indo y a partir de ahí la magnífica cadena montañosa que envuelve el lugar, incluyendo la montaña azul. Acerca del festival, una estética colorista con unos trajes muy llamativos, donde las máscaras son parte importante de todo el conjunto, así como el calzado que es singular. La atmósfera es tranquila, relajada, devota. Destaca el profundo interés con el que los locales siguen el festival. Creencias y diversión se unen en esta parte de la tierra.

Continuación del viaje en:    Imágenes para el recuerdo. Pequeño Tibet 4

 

Entradas anteriores de esta serie:

Ladakh, Pequeño Tibet. Nueva Delhi

2  4.000 metros de Altitud. Leh

 

Texto y Fotos: Luisa Vázquez

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4.000 metros altitud. Leh, Pequeño Tibet II

Vista parcial de Leh con sus casas de tejados planos

Vista parcial de Leh con sus casas de tejados planos

La llegada a Leh después de un día de calor infernal de Delhi, es un alivio. Temperatura agradable, incluso un poco fresca; todavía es temprano. (1ª parte, Delhi).

Existe una razón para visitar Ladakh en los meses de verano y es que tiene un clima frío, árido, con inviernos duros y largos desde octubre hasta principios de marzo, con temperaturas mínimas bajo cero durante la mayor parte del invierno. Las temperaturas de la zona varían desde los 33 ºC en verano hasta incluso llegar a los -28 ºC en invierno.

No recomendaría visitar India en verano, pero si el objetivo es el más remoto norte de la India, entonces, más que recomendable es imprescindible ya que en invierno la carretera  del recorrido previsto está cerrada por la nieve.

Nada más bajar del avión se percibe la falta de oxígeno. Hemos llegado a 3.650 metros de altitud sin puntos intermedios de aclimatación y tanto en el aeropuerto como en la casa de huéspedes (guest house) donde me alojaré durante los 2 primeras noches se encargan de manejar los equipajes. Lo hacen ya automáticamente, están acostumbrados a que la mayoría de viajeros tenga la misma sensación al llegar y sea bastante penosa una tarea que normalmente es sencilla.

Durante el desayuno conozco al miembro número 12 del grupo. Un neozelandés que previamente ha estado haciendo trekking en la zona durante 2 semanas. Obviamente él ya está adaptado a la altitud. No sé si es por ahorro de energía o por otra razón que desconozco, escasamente lo oiré hablar durante el periplo.

Mi llegada a Leh, no puede ser más desastrosa. Además del mal de altura cuyos síntomas son: dificultades para respirar, dolor de cabeza, letargia en general y poco apetito, creo que tengo una insolación; después del desayuno caigo semi-muerta en la cama de donde no me levantaré hasta el atardecer. Presiento que la visita al mercado de especias en Delhi fue matadora y la insolación ya la traigo del día anterior. Bonito comienzo.

Al atardecer, lentamente me acerco hasta la ventana de mi habitación desde donde contemplo un escenario fantástico de montañas con picos nevados. Me fastidia no haber podido caminar hasta la ciudad esa tarde, pero está un poco lejos y yo bajo mínimos.

Cadena montañosa de Ladakh. Vista desde Leh

Vistas desde la ventana de mi habitación

Únicamente desde 1974 es posible la visita a Leh para turistas extranjeros. Ha cambiado desde los días en que los trenes con yaks salían desde el gran bazar en Asia Central. Sin embargo la ciudad todavía conserva la sensación del salvaje oeste cuando caminas por las callejuelas donde se pueden ver las tradicionales mercancías de productos locales: alfombras y chales de lana hechos a mano, joyería de la zona, artefactos budistas, incluidos los rodillos de oración, máscaras y preciosos Thangkas son artículos que merece la pena considerar en el caso de pensar en comprar algo.

Con dificultad y todavía más tarde subo al tejado de la guest house, es plano, como una terraza. Desde allí las vistas todavía son más impresionantes. Veo monasterios y el palacio que visitaré al día siguiente. Ha merecido la pena subir al destartalado tejado lleno de cachivaches.

Monasterio Namgyal Semo en el pico de la montaña.

Monasterio Namgyal Semo en el pico de la montaña.

Durante la cena y súbitamente me encuentro fatal y sin poder llegar a mi habitación, cuyo candado no es para las prisas, poto. ¡Por favor, estoy hecha puré!

Tipico cerrojo y candado de la zona

Tipico cerrojo y candado de la zona

Nuevo día. Estoy como las baterías cuando titilan, a punto de agotarse; no obstante no he recorrido miles de kilómetros para quedarme tirada como una colilla, así que allá vamos.

Primera visita, Shanti Stupa “estupa de la paz interior” es un templo budista. Además de su significado religioso, su ubicación ofrece vistas panorámicas del paisaje circundante fantásticas.

La Stupa de Leh. Con una persona caminando a su lado se ven mejor las proporciones.

Shanti Stupa en Leh

El nacimiento de Buda en la Stupa de Leh

El nacimiento de Buda en la Shanti Stupa de Leh

Detalle de las decoraciones de la Stupa de Leh

Detalle de las decoraciones de la Shanti Stupa de Leh

La segunda visita es al Monasterio Namgyal Tsemo, budista tibetano construido en 1430. La razón para construir este monasterio es que el rey que le da su nombre, Namgyal era seguidor budista.

Larga ascensión al Monasterio Namgyal Semo.

Larga ascensión al Monasterio Namgyal Semo.

Subiendo al Monasterio Namgyal Semo

Subiendo al Monasterio Namgyal Semo

Tanto el Monasterio como la Estupa, están situados en las partes altas de las montañas que circundan la ciudad, por lo que ésta siempre aparecerá a nuestros pies.

La ciudad de Leh, a vista de pájaro

La ciudad de Leh, a vista de pájaro, con sus tejados planos

Es necesario subir y subir y en lo alto, a donde llego con dificultad, hay un hombre que comienza a conversar conmigo y me pregunta de donde somos. Le explico que toda la gente de mi grupo son angloparlantes de diferentes países y la única española soy yo. Pensé que era una charla intrascendente que no iría mucho más allá, pero estaba en un error.

Parece ser que lo que más le ha llamado la atención es que yo sea española y comienza a darme una clase de historia, que por supuesto yo no había solicitado. Asevera que España fue conquistada por los musulmanes y me encuentro metida en una conversación realmente inesperada. El tono y la insistencia sugerían una agresividad que yo no era capaz de comprender. Insistía: no lo puedes negar. Obviamente no iba a negar lo que es historia, pero exactamente es eso, historia. ¿Por qué me decía todo aquello y en aquel tono? Estaba totalmente descolocada. Más tarde supuse que la conversación estaba relacionada con los problemas entre los budistas y los musulmanes en la zona. Realmente fue chocante porque además en general los budistas tibetanos suelen tener un comportamiento muy tranquilo y amistoso.

Una mejor opción a una charla sin sentido, fue encaminarme al Palacio, en su momento Residencia Real del rey Tashi Namgyal. La importancia del mismo es que no solo es anterior al Palacio de Potala en Lhasa, Tibet, sino que sirvió como su modelo.

Palacio de Leh

Palacio de Leh

Las vistas desde el Palacio, son nuevamente magníficas, y el panorama cambia permanentemente desde los distintos puntos.

Para finalizar el día, la visita al Monasterio Sankar me parece muy bonita y distinta de los monasterios anteriores. Pertenece a los monjes Gelukpa o del Sombrero Amarillo. Son distintas órdenes dentro del budismo tibetano. El monasterio también sirve como residencia oficial del Principal Gelukpa en la región de Ladakh.

Fresco pintado en los muros de entrada al monasterio de ..........................

Fresco pintado en los muros de entrada al Monasterio Sankar

Me llaman especialmente la atención unos frescos a la entrada del templo que sugieren armonía y la vida de los monjes en estrecha relación con la naturaleza.  Por otra parte las decoraciones de las vigas que sustentan el piso superior, me parecen por su colorido y dibujos muy naíf.

Detalle de las decoraciones sobre madera del monasterio de......................

Detalle de las decoraciones sobre madera del Monasterio Sankar

El recorrido de los Monasterios, Estupa y el Palacio de Leh ha sido impresionante, así como las diferentes perspectivas que se pueden observar de la ciudad, que está situada en el valle por donde transcurre el río Indo. Las majestuosas montañas que nos circundan con sus picos nevados son impresionantes; nada te deja indiferente aquí.

Continuación del viaje en: 3.   Festival Budista Tibetano

 

Entrada anterior de esta serie:

Ladakh, Pequeño Tibet. Nueva Delhi

 

 

Texto y Fotos: Luisa Vázquez

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Ladakh, pequeño Tibet I. Nueva Delhi

Delhi a vista de pájaro

Delhi a vista de pájaro

Este, seguro, va a ser uno de los viajes más interesantes de los que he hecho, al mismo tiempo que un reto por razones que iré desgranando en su momento. No es mi primer viaje a India, pero esta vez, no me dirijo a los destinos más concurridos en ese país; ahora se trata de recorrer las inhóspitas y despobladas tierras de Ladakh.

La zona todavía es un territorio en disputa entre India, Pakistán y China, un área “sensible”, donde permanentemente hay controles de pasaportes, ausencia de internet y solo tendremos acceso a luz eléctrica a partir de las 20 ó 21 horas.

El nombre Ladakh significa: tierra de pasos elevados. Es una región en el estado de Jammu y Cachemira que se encuentra delimitada al norte por las montañas Kunlun y la cadena de los Himalayas por el sur.

En ocasiones denominada “Pequeño Tibet” por su aspecto geográfico y su cultura autóctona, está habitado por una población de ascendencia indoaria y tibetanos.

La población más grande es Leh, con 27.500 habitantes. Una mayoría de los ladakhis son budistas tibetanos y la mayoría del grupo restante son musulmanes Shia.

Comienzo mi periplo en un vuelo a las 7 de la mañana y entre vuelos y escalas en los que no soy capaz de dormir, transcurren 17 horas. Llego al aeropuerto de Delhi hecha polvo. Hora local, creo que eran las 5 de la madrugada. Pero finalmente, estoy en India. ¡ Aleluya!

Tengo curiosidad por conocer a la persona con la que compartiré habitación y tienda de campaña durante los próximos 21 dias. Nos encontramos en el aeropuerto y a pesar de que volamos desde los dos extremos del planeta nuestros horarios son coincidentes a la llegada. Ella viene desde Australia.

Parece que será una buena compañía, se verá, jeje.  Compruebo que no piensa perder un minuto y se apresura a hacer las primeras fotos, gente haciendo yoga en la calle durante el trayecto hasta el hotel. Yo solo pienso en pillar una cama. Paso de fotos y me asombro con su presteza. ¡ Tiempo habrá !

Finalmente, nada de cama; el calor, la activa compa, cambiar dinero, comprar agua, la llegada de otra gente que será parte del grupo,…….. demasiada agitación y novedades para ser capaz de relajarme y dormir un rato.

El calor es bestial, el hotel malo de solemnidad, sin duda un entrenamiento útil para el inmediato futuro.

Ya que no es posible dormir, decido aprovechar la tarde. Primero me subo al abarrotado metro y me dirijo a un templo Sij, relativamente cerca de mi siguiente objetivo.

Delhi siempre es frenético y caótico, prácticamente ninguna diferencia con la impresión que tuve la primera vez que viajé allí, aunque ahora tiene un par de millones de habitantes más. La población crece exponencialmente. ¡ Que locura!

En la entrada del templo y llevando el típico turbante sij

En la entrada del templo y llevando el típico turbante sij

Los templos sijs, este es el segundo que visito, son impresionantes por su arquitectura, sus mármoles, lámparas y decoraciones. Es obligatorio ponerse un pañuelo en la cabeza, descalzarse y pasar por una canaleta de agua. El ambiente del templo es de respeto y veneración.

Anexo al templo tienen organizadas unas cocinas y comedores donde diariamente dan de comer a miles de personas. Este en concreto, da de comer a 5.000 personas cada día, sin distinción de religión, según comenta la persona que me facilita los accesos.

Mujeres amasando chapatis

Mujeres amasando chapatis, detrás un hombre pasándolos por la plancha

Trabajar en una cocina como ésta, con altísimas temperaturas exteriores más las que se producen en el interior y sin parar de amasar, hornear o cocinar en las ollas extra grandes tiene mucho mérito. Mucho más ya que las personas que hacen estos trabajos son voluntarias.

Tremendas ollas y tremendos utensilios para remover la comida

Tremendas ollas y tremendos utensilios para remover la comida

En mi anterior viaje a Delhi había visitado el principal templo sij en esa ciudad, el Gurudwara Bangla Sahib, pero no tuve la oportunidad de entrar en las cocinas, aunque si me habían ofrecido comida. Ciertamente se la ofrecen a todas las personas que entran al templo, antes de salir del mismo.

Esta vez, con la oportunidad de la incursión al alma del templo y sus devotos, me pareció un recorrido más interesante. Los oropeles están muy bien, pero las experiencias más profundas están mucho mejor.

Siempre hay alguien que sonríe

Siempre hay alguien que sonríe

Saliendo y desde la terraza me asomo para observar el tremendo tráfico de esta inmensa ciudad. Es impresionante ver cómo se van mezclando coches, tuc tucs, motos, enormes carretillas repletas de sacos empujadas por hombres,…….un tráfico endemoniado en el que todos parecen saber qué tienen que hacer y quien tiene preferencia. Esto es lo habitual en la mayoría de Asia, pero siempre impresiona.

El frenético y caótico tráfico de Delhi

El frenético y caótico tráfico de Delhi

En rickshaw, entre la locura de tráfico, llego al mercado de especias.

El mercado es un loco ir y venir de hombres que acarrean enormes sacos que desprenden diferentes tipos de aromas. Parece increíble que esos delgados, delgadísimos hombres sean capaces de portar todo ese peso, en esas extremas condiciones climatológicas y de contaminación, sin parar, en unas calles atestadas de gente y tráfico. Esforzados y sudorosos, atropellan a todos los que interrumpen su paso si no eres lo suficientemente hábil para apartarte en el momento justo. No es de extrañar, imposible ir parando con todo ese peso. O andas con cuidado o serás violentamente empujado sin contemplación por estos exhaustos trabajadores.

Captar imágenes a pie de calle es tarea complicada, estorbas en cualquier sitio que te sitúes y mientras enfocas ya te han empujado, así que vuelta a comenzar.

El mercado a pie de calle.

El trajín del mercado a pie de calle

Sacos y Sacos de especias indias

Sacos y Sacos de especias indias

Comprobando la mercancía

Comprobando la mercancía

Caminando un poco más adelante, alguna gente parece estar interesada en ser inmortalizados en una foto. Concretamente el conductor de un rickshaw se para y sus clientes saludan, cuando se dan cuenta de que los enfoco con mi lente. Otros, sin embargo, simulan gran enfado por haber sido fotografiados aunque no lo hayan sido. Es una forma de forzar a que les dés unas cuantas rupias con las que sobrevivir. Pueden ser bastante insistentes y también intimidatorios.

Mostrando su mejor pose.

El conductor de un rickshaw intentando su mejor pose.

Vuelvo al hotel después de mi primer contacto con la gran urbe. A estas horas de la tarde, ya habrán llegado los que serán mis compañeros de experiencia y nos reunimos para una cena los 11 juntos; última cena “decente” por muchos días.

Sin tiempo practicamente para descansar, a las 3 de la madrugada nos dirigimos nuevamente al aeropuerto para volar a Leh.

Lo más interesante de la experiencia comenzará en Leh, a donde llegaremos en 4 horas; se trata de una población muy chiquitita, si la comparamos con los 14 millones de Delhi y situada a 3.650 metros de altitud.

A esa altitud, la falta de oxígeno se nota considerablemente nada más aterrizar.  Si a eso le sumamos las 36 horas de: interminables vuelos, cambios de temperaturas salvajes y la visita al mercado de especias bajo un sol abrasador, hace que esté hecha puré y comience a encontrarme mal, tan mal que ya no soy capaz de manejar mi equipaje. Así comienza mi incursión ladakhi.

 

Continuación del viaje en:   4.000 metros de Altitud. Leh, Pequeño Tibet

 

Texto y Fotos: Luisa Vázquez

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