Cuando la Navidad no tiene fecha fija

Todo fue casual, en un vuelo entre el Cairo y Bombay, actualmente denominada Mumbai. Hablamos media docena de frases corteses en el transfer entre el hotel y el aeropuerto. Otro cambio de impresiones en una escala técnica en algún aeropuerto a medio camino, muy dormidas ya que el vuelo era nocturno.

Nos quedábamos, una amiga y yo, 15 días en Mumbai, trabajo y turismo en el mismo paquete.

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Primera vez en Mumbai

El destino quiso que la mujer con la que había intercambiado unas cuantas impresiones, como ya relaté, trabajaba casi al lado del hotel donde nos alojábamos, así que terminó invitándonos a cenar. Cena para cuatro, ella y su marido, mi amiga y yo.

La noche que nos recogen en el hotel ella vestía el tradicional sari, estaba espectacular. La imagen no tenía nada que ver con nuestro aspecto cansado y ropa informal y cómoda  del día del vuelo.

El restaurante que habían escogido, más hubiese apostado por verlo en Nueva York que en la capital india. Les gustaba mucho por ser tremendamente divertido. No sólo era la comida, sino la originalidad de la puesta en escena. Los camareros, súbitamente dejaban de servir mesas para hacer una coreografía mientras cantaban; algunas bebidas se servían en unas copas tan altas que debías ponerte en pie para poder beber. Era una mezcla de sensaciones inesperadas y simpáticas. Lo disfrutamos mucho, fue una velada perfecta.

Los indios son indescriptiblemente hospitalarios. Fuimos a tomar un té en su casa para conocer a su hija. Encantadora como su progenitora, muy simpática, guapa y con una vitalidad desbordante.

Así fue como comenzó mi amistad con Villoo, que ha perdurado a través de años. ¿Pueden llegar a conocerse dos personas a través de correos electrónicos?. Diría que si, si ambas son sinceras y honestas.

Poco a poco, fue participando de mis alegrías y penas, luces y sombras. En tiempos difíciles siempre me ha ofrecido su casa y pasar un tiempo con ellos hasta que me recuperase de los reveses de la vida. Nunca fue posible hacerlo, pero lo relevante siempre ha sido su cercanía y disponibilidad para ser un refugio, además de sus acertados consejos.

A pesar de que también he sido partícipe de sus penas, dolores y preocupaciones, siempre he sentido que estaba siendo ayudada, más de lo que yo podía ayudar.

Mi amiga es dulce, amorosa, y tiene la facultad de decir las palabras adecuadas en cada momento. Siento que tiene el don de la sabiduría, una mezcla de inteligencia y corazón difícil de explicar, fácil de sentir.

Hace casi 4 años ya, volví a India por tercera vez para un recorrido por los Himalayas indios, una dura e impresionante experiencia por encima de los 4.000 metros de altitud, en el denominado pequeño Tibet.

Me invitaron a quedarme con ellos en Mumbai al final de mi periplo. Me había dicho: “el tiempo que desees”, con su generosidad habitual; decidí que una semana era lo adecuado.

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Puerta de la India, un lugar imprescindible en la visita de la ciudad

No voy a negar que estaba un tanto inquieta, no sabía cómo iban a desarrollarse aquellos días, aunque, por otro lado, mi conocimiento sobre ella, mi instinto indicaba que todo iría bien.

Cuando llegué a su casa, después de 2 vuelos que ocuparon todo el día, más las 3 semanas previas estaba extenuada. Había comenzado a tomar las pastillas para la malaria, imprescindibles para permanecer en Bombay en época de monzones: lluvia y humedad tórrida. Tan imprescindibles como matadoras, te dejan tumbada.

Villoo había pedido un día libre en su trabajo para acompañarme durante todo el primer día y salir de compras o lo que yo prefiriese hacer. ¡Que desastre! Debido a mi extremo cansancio y las pastillas, aquel día después de ducharme, desayunar e ir las dos a unos almacenes que me traían muy buenos recuerdos de mi anterior estancia, escasamente duré en pie media hora.

Hubo que volver a casa, acostarme y dormir durante 24 horas, del tirón, sin levantarme ni para ir al baño.

Me sentía fatal por no haber podido aprovechar el día libre en su compañía. Ella le restó importancia al asunto, aunque realmente estaban preocupados con una extranjera en su casa durmiendo tantas horas seguidas sin dar señales de vida. ¡No te levantaste ni para comer!, dijeron al día siguiente. Imagino su preocupación, mientras yo recuperaba.

A partir de ahí, nada había sido dejado al azar. Había un plan para cada uno de los días que permanecí con ellos. Conocí su día a día, incluida la compra en un supermercado con la hermana, mientras ella iba a trabajar. Lo disfruté mucho, fue curioso a la vez que gracioso. Pero lo más llamaba mi atención era lo cómoda y bien acogida que me sentía.

Volcados conmigo, me sentía un tanto desbordada y sin posibilidad de invitar a nada ya que estaban previsto todos y cada uno de los días. Imposible relatar tantas sensaciones.

Una noche sus amigos más cercanos venían a cenar a casa. Una guirnalda de flores adornaba la puerta de la entrada y unos dibujos en el suelo que llamaron mucho mi atención, pequeños detalles pero muy agradables.

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Guirnalda de flores en la entrada

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Decoración en el suelo, especialmente hecha para aquel día

Me había preguntado cómo serían los amigos y si tendríamos algo en común para conversar. Muy pronto verifiqué que habría podido conversar con ellos durante muchas cenas. Sus amigos son cálidos, cercanos, divertidos, con conversaciones que me transportaron a mundos desconocidos pero realmente interesantes, en los que me hubiese gustado profundizar. Por otro lado, sobre España sabían casi tanto como yo misma. Una noche entrañable, difícil de olvidar.

Finalizando la velada me percaté de que mi amiga y su marido se acercaron de manera muy cariñosa y se dieron un piquito. Fue un momento, tan natural a la vez que tierno, una imagen que se quedó grabada en mi cerebro. Un matrimonio que habiendo celebrado ya los 50 años de casados, todavía se tienen esa devoción, me conmueve.

Mis días con ellos llegaron a su fin y volví envuelta de una sensación de tranquilidad y  paz, contagiada del ambiente que se respira en aquel entorno.

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Preparados para la velada

Es imposible describir todas las sensaciones de los momentos vividos en aquel hogar y los recuerdos acumulados en aquella semana, todos ellos contienen mucha emoción.

A pesar de todo lo dicho, es una familia normal, con problemas, sinsabores, reveses y las preocupaciones que conlleva cualquier vida, pero más que nada, lo que allí se respira es armonía. Deduzco que ha sido siempre su forma de vivir desde el comienzo de la relación, quizá desde antes de comenzarla; ese modo de existir es algo que no se improvisa.

Sus mentes abiertas, sin tabúes, donde cualquier cosa puede ser hablada de una manera pausada, medida, sin estridencias, es otra característica de ese extraordinario grupo de personas que tuve la suerte de conocer.

Son conscientes de la realidad que les y nos rodea, están implicados en ayudar a los demás de diversas formas, ya que también hablamos de ello. No viven en una burbuja alejados de la realidad, sino todo lo contrario, podrían hacerlo, como tantos otros, pero no lo hacen.

Si habéis llegado hasta aquí en la lectura de esta entrada, estaréis pensando ¿ y esto qué tiene que ver con la Navidad?.

Las Navidades, desde mi actual punto de vista, se han convertido en una celebración carente de sentido. Ya sólo las entiendo cuando hay en casa niños pequeños. Por lo demás es una disculpa más para el mercantilismo más feroz.

Han perdido el sentido que tenían no hace tantos años, convirtiéndose en una loca carrera de compras de regalos que, frecuentemente, ni son agradecidos, sino que se perciben como una obligación por parte del que ofrece el regalo. Además y a veces, también como una batalla familiar con resultados inciertos.

Mucha gente, incluida yo misma, por diferentes motivos, hemos decidido que es el momento de poner tierra por medio y si es a un lugar donde no exista la falacia navideña, mejor que mejor.

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Vista desde la ventana del hotel en mi primera visita a Mumbai

Este año, que no puedo evaporarme, vuelvo la mirada hacia ese lugar de Oriente medio, con nostalgia. Allí SI encuentro un permanente espíritu navideño, aunque no se celebre la navidad, y me imagino envuelta en un invisible manto de cariño y serenidad con solo pensar en ello.

Deseo, de corazón, para todos vosotros, que vuestras vidas se llenen de esa paz interna que me invade cada vez que estoy en contacto con mi querida amiga Villoo. ¡Felices Fiestas!

 

Entradas sobre los Himalayas indios, el denominado Pequeño Tibet

Ladakh, Pequeño Tibet. Nueva Delhi

4.000 metros de Altitud. Leh

Festival Budista Tibetano

4  Imágenes para el recuerdo. Pequeño Tibet

Un atentado nos sorprende en Lamayuru. Pequeño Tibet V

 

 

Texto y Fotos: Luisa Vázquez

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10 pensamientos en “Cuando la Navidad no tiene fecha fija

  1. icástico

    Delicioso y tierno reportaje. Durante muchos años odié la navidad y ahora me gusta la hipocresía y el lucerío que desprende, pero te garantizo que a efectos de gastos es un mes normal, con eso te lo digo todo. Este año se presentan duras por motivos de una grave enfermedad (terminal) que se ha confirmado hoy mismo en mi entorno familiar más cercano.
    Apertas, Luisa

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    1. Si, Soy Gallega Autor de la entrada

      Muchas gracias, maestro.
      Con lo ocupado que andas, todo un honor leerte por aquí.
      Como a ti, pasé por época de odio y ahora me divierten mucho las cenas con grupos de amigos de diversos tipos, que es lo más divertido de estas fechas. Por lo demás, época que no me da ni frío ni calor. A veces opino por lo que veo a mi alrededor.
      Lo malo es cuando, como en tu caso tienes a alguien muy enfermo en tu entorno cercano, sean navidades o no, eso es muy duro.
      Lo siento mucho, mucho ánimo.
      Apertas para ti tambien, Tucho.

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    1. Si, Soy Gallega Autor de la entrada

      Adelante, puedes comentar lo que te parezca, no hay problema, aunque eso es harina de otro costal.
      Muchas veces se trata de priorizar. Desde siempre he priorizado ver mundo, aunque no siempre haya sido de la manera más cómoda y siempre ha merecido la pena.
      Por supuesto, me he privado de otras cosas, por eso digo “priorizar”.
      Cierto que ahora es más fácil viajar que hace años, no obstante esa ventaja hace que muchos no se enteren ni entiendan nada, solo cambian de lugar, lo que me parece bastante desalentador.
      Abrazo, Fermin.

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  2. Fermín Goiriz Díaz

    Aun compartiendo que la Navidad no me aporta nada, al contrario, no quiero bajo ningún concepto obviar felicitarte las Fiestas de todo corazón y no por ser de rigor.
    Al margen, comentarte que me ha encantado el relato de tus aventuras por la India ¡Que nivel, amiga-virtual! De lo cual me alegro 🙂
    Felices Festas e que o prósimo ano novo poidas evaporarte por ise lugar que te inspira o espíritu do Nadal aló polo Oriente medio.
    Apertas.

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    1. Si, Soy Gallega Autor de la entrada

      Yo también te deseo unas Felices Fiestas, que las disfrutes y te aporten mucha alegría.
      Porque a mi ya no me digan nada, no es impedimento para que entienda que otros puedan disfrutarlas.
      Lo que también es cierto es que cada vez que logro escaparme, me encuentro con muchos escapados, jaja.
      Me alegra muchíiiiiisimo que te haya encantado el relato porque tengo que confesar que siempre tiendo a pensar ¿a quien le va a interesar esto? . Ahora, al menos sé que a ti te ha gustado, lo cual, me encanta.
      Lo de ¡ que nivel!, eso no sé por qué va.
      Y, que conste, que no siempre que me escapo me voy al medio Oriente, me puedo escapar en muchas direcciones, ¡ será por direcciones!!! jajaja.
      Apertas, Fermin

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