Ladakh, pequeño Tibet, los Porteadores de Piedra

Ladakh, denominado también pequeño Tibet, es una zona que merece la pena explorar a pesar de los inconvenientes de altitud, extremo control de carreteras por estar situado en una zona entre Pakistán y China, zona caliente reclamada por Pakistán; nula comunicación vía móvil, electricidad solo a partir de las 20 horas, además de pernoctaciones en campamentos. No obstante, y a pesar de todo lo que acabo de enumerar, cuando lo conoces deseas volver.

Valle de Basgo, Patrimonio de la Humanidad, desde aquí hasta la cima donde se encuentra el monasterio, es un larguísimo y ascendente camino.

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Ladakh, pequeño Tibet

Viajando por esas remotas carreteras, cordillera del Himalaya, donde la altitud, entre 3.500 y 5.600 metros hace que caminar sea extenuante, ya no digamos subir pendientes, y donde la realización de cosas habituales se hace mucho más lenta y fatigante de lo normal, observar a los porteadores de piedra, me resultó sorprendente.

En el solitario emplazamiento de Basgo, en lo alto de una montaña se encuentra el monasterio que lleva el mismo nombre. Fue uno de los varios sitios en los que asistí perpleja a la labor de los porteadores de piedra.

Situación del monasterio tibetano de Basgo

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Ladakh, pequeño Tibet

La subida al monasterio bajo un sol aplastante, hace que busques una sombra ávidamente, pero escasamente hay.

Al mismo tiempo que yo, subía un porteador, sin prisa pero sin pausa, con un ritmo fruto de la mucha experiencia haciendo ese trabajo, ritmo que me era difícil seguir, ya que yo necesitaba hacer paradas.

La región es muy árida. Impresionantes cañones, incesantes vientos que portan arenilla permanentemente, únicamente se salva de la sequía extrema el valle, razón por la que es lo único que está escasamente habitado. Sin embargo el monasterio se haya situado en una cima montañosa. Es un contraste impactante.

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Ladakh, pequeño Tibet

El valle es hermosísimo y en cuanto te alejas un poco, la montaña emerge para protegerlo.

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Ladakh, pequeño Tibet

Debido al viento que comentaba antes,  la gente suele ir bastante tapada, con pañuelos cubriendo la cabeza y cara; lo más frecuente es que las mujeres usen pantalones, así que a veces resulta un poco difícil distinguir el sexo de las personas. Mi porteador, era porteadora.

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Ladakh, pequeño Tibet

Al regreso del monasterio, bajando, veo un grupo de personas juntas y me doy cuenta de que la mujer que subía las piedras, forma parte de una familia compuesta de padre, madre y dos hijos, niña y niño y también están con otra mujer que parece estar embarazada pero que no sé si hay relación de parentesco; todos ellos realizan el mismo duro trabajo, a pesar de que los niños, sin duda, no llegan a la adolescencia. No sé cuánto pesan las piedras, una barbaridad de kilos, lo que si se es que un compañero de viaje quiso levantar una sola y no lo logró. Ellos acarrean varias al mismo tiempo en esos artilugios de madera que llevan a la espalda y que sujetan con unas cintas.

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Les hago unas fotos, aunque me resulta violento esta especie de asalto a la vida de la gente. En estas personas, hay una absoluta falta de expresión en sus rostros. No son posados, aunque podrían parecerlo por su pasividad al ser fotografiados . Me corto ante su inexpresividad, su ausencia de consentimiento o rechazo.

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Quizá sea su extremo cansancio, quizá su sorpresa, porque por allí pasa tan poca gente que quien sabe cuál es su percepción de los rostros occidentales portando cámaras que pocas veces habrán visto. Tímidamente entablo un intercambio de frases con ellos, aunque se interpone como barrera el idioma.  Logro saber que son nepalíes y no imagino que tipo de vida tendrían en Nepal para trasladarse a otra vida que difícilmente deja camino a la imaginación para algo más duro.

Me está matando la incomodidad ante su falta de expresión, una especie de desinterés por lo que no sea seguir cargando la piedra. Quizá su eminente prioridad sea terminar su trabajo aquel día para poder acceder a un básico alimento de supervivencia.

Remarcable el tamaño de las piedras.

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Mi compañero de viaje, el incapaz de ni siquiera mover una de las piedras, regresa del monasterio en ese momento y me sugiere hacerles una foto con su IPhone y mostrarles unos emojis . La idea me parece buena, aunque me aterra un poco la reacción de ellos. Les hace una foto y con sus caras, les muestra unos ojos locos saliendo de sus órbitas. Después de unos instantes de perplejidad, como si no se creyesen lo que están viendo, comienzan el período de expresar su asombro, únicamente con su rostro. Se asombran mucho para finalizar sonriendo.  Finalmente aparece una señal de pequeña diversión en sus vidas mientras no puedo parar de preguntarme hasta qué punto puede ser dura y difícil.

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Ladakh, pequeño Tibet

Ver sus caras con una sonrisa, por leve que fuese, e interactuar con ellos a través de las pantallas de nuestras cámaras enseñándoles las fotos que les habíamos tomado, fue emocionante. Revisar sus caras en la pantalla LCD de la cámara les produjo mucho interés, aunque seguían serios; ver sus caras con aquellos ojos saliéndose de sus órbitas, hizo que sonrieran y parecían divertidos, me encantaría conocer sus pensamientos y sentimientos.

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Puede parecer estúpido pero esa tarde, después de verlos asombrados, intrigados y sonrientes, al abandonar el lugar pensé lo maravilloso que es aportar una sonrisa, un momento de felicidad fugaz a cualquier gente, pero más a la tan desfavorecida en el injusto reparto de vidas. Imagino que en más de una ocasión comentarían aquel día que se salió de su cotidiana rutina.

Cuando reviso fotos y miro las primeras fotos que tomé de sus caras ausentes de expresión, no puedo evitar que algo se me remueva por dentro.

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Éste fue el momento de mayor interés y diversión para ellos.

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Ladakh, pequeño Tibet

 

Este fue mi tercer viaje a India y creí que estaba vacunada contra cualquier cosa que pudiese ver, pero creo que no hay vacuna que elimine la empatía, la que es culpable de que me ponga en el lugar de los demás. Es sabido que India no es para todos, India no deja indiferente, India es fascinante si consigues llegar a comprenderla, aunque momentos de estos son inevitables y siempre te remueven.

Sea como fuere, en ese viaje vi tantos y tantos porteadoras y porteadores de piedra, en las carreteras, en los monasterios, en los pueblos, que solo con verlos y ver su lugar de trabajo, es fácil imaginar cómo son sus vidas, y son espinas que se te van quedando en el alma.

Sea como fuere, nuevamente, soy consciente de que hay muchas, muchísimas vidas en muy duras condiciones, tanto en ese país como en muchos otros, pero especialmente estas personas, me han producido un efecto tremendamente desgarrador.

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En mi vida cotidiana me gustan las anécdotas divertidas, alegres y que la gente disfrute y que pase un rato estupendo conmigo, pero en este momento esto es lo que me sale de dentro. Quizá necesitaba canalizar este sabor a realidad dura en alguna parte y lo he canalizado aquí, en el blog.  Es sabido que en el viaje de la vida hay momentos de todos los tipos, este es un momento reflexivo y de introversión que deseaba compartir con todos vosotros.

Para finalizar, si habéis llegado hasta aquí,  gracias por leerme.

 

Más entradas sobre Ladakh, pequeño Tibet :

1.- Ladakh, pequeño Tibet I. Llegada a Delhi

2.- 4.000 metros altitud. Leh, Pequeño Tibet II

3.- Colorido Festival Tibetano. Pequeño Tibet III

4- Imágenes para el recuerdo.Pequeño Tibet IV

5.- Un atentado nos sorprende en Lamayuru. Pequeño Tibet V

 

Texto y Fotos: Luisa Vázquez

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18 pensamientos en “Ladakh, pequeño Tibet, los Porteadores de Piedra

  1. melbag123

    Eres muy dulce, imposible que dejes de sentir empatía. Esta vez tu cámara no era traviesa, era testigo de lo injusta de las sociedades en las que vivimos. Me cautivó la sonrisa de la niña. Sigue paseándonos por el mundo. Un beso, mi gallega.

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    1. Si, Soy Gallega Autor de la entrada

      Gracias Mel. ¡Como para no serlo con ese panorama!
      Creo que la niña era la única capaz de evadirse de la realidad, quizá por ser la menor de todos.
      Sigo paseando y te llevo conmigo.
      😘😘😘 mil 😊

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  2. Horacio Gil

    Que historia tan triste y que real. Yo estoy deseando ir a la India pero se que tengo que encontrarme en un estado anímico especial. Las historias de los porteadores son desgarradoras. En Perú o en Nepal tuve esa misma desazón cuando los ves haciendo ese trabajo inhumano. Hay 7500 millones de humanos en este planeta, cual es la probabilidad de nacer en el primer mundo? Sinceramente nos ha tocado la lotería. Una cosa más, pese a todo, las fotos del valle son preciosas.
    Feliz semana.

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    1. Si, Soy Gallega Autor de la entrada

      Si Horacio, tienes razón en lo de la historia triste y en que hay que ir en un momento especial si quieres ver las cosas en su justa medida.
      Mi primer viaje lo realicé después de haber pasado por una experiencia muy dura familiar. Eso fue en Julio y pensé que era el momento de ir. Fui en Octubre.
      De todos modos, hay paises tan impactantes emocionalmente como India pero que la gente no los percibe asi.
      Particularmente, mi repulsión por Pataya es 1.000 veces más fuerte que nada que haya sentido en India.
      Finalmente, los paisajes en esas latitudes son hipnotizantes, sus gentes adorables, los festivales muy coloristas y animados. Es un lujo de viaje, a pesar de las condiciones básicas en las que lo hice..
      Feliz semana. 😊

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  3. vagandopormundopolis

    Está bien que también compartas esos momentos con nosotros, es como los paisajes que muestras en las fotos, que por cierto son preciosas contrastes de verde vibrante junto con el grisaceo y yermo, es la vida misma. Lo que pasa es que en occidente nos cruzamos con cuatro pedigueños en la calle, pero en lugares como en India la muerte, la mugre, la pobreza y la enfermedad forma parte del paisaje normal y los occidentales no estamos acostumbrados a ver un mundo tan crudo y real. En el mundo hay trabajos terriblemente duros, en las que personas trabajan como un animal de carga, portadores de troncos, de piedra de agua que trabajan literalmente como animales, pero a diferencia de estos no tienen una asociación que les defienda de trabajos duros, ni que pugnen por su libertad. Lo que hicisteis con el movil lo he hecho en paises dónde no tenían espejos para mirarse y era increíble, algunos no se reconocían y miraban su foto con curiosidad es algo chulo. En las fotos se les ve con la misma curiosidad ☺Me gusta el post no solo por las fotos chulisimas, sino porque también está bien contar sensaciones que como viajero te conmueven. Un beso Luis y que tengas muy buena semana😘😘😘

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    1. Si, Soy Gallega Autor de la entrada

      Frecuentemente me da palo escribir sobre estos temas, aunque en el fondo de mi corazón me afecten. Nadie pasa impasible ante eso, al menos nadie normal.
      Tampoco era la primera vez que lo veía, en Nepal, ancianitas cargando los típicos cestones gigantes que van a la cabeza con una cinta. Lo ves en tantos sitios. Pero unas veces te afecta más que otras.
      Pensar, como tu apuntas, que nadie mira por ellos, que no tienen asociaciones, ni seguridad social ni cosa que se le parezca da mucho que pensar.
      Las fotos, como tú dices, les chiflan. Efectivamente no se reconocen. Me había pasado en muchos más sitios, pero nunca deja de sorprenderme.
      Escribiendo el post me acordé de ti, estaba segura que esto ya lo habías vivido y recordé tu post sobre las minas en Africa.
      Tiendo mucho a describir todo lo bueno, lo excelente, pero desde hace unos días esto rondaba por mi cabeza y ya ves el resultado.
      Feliz semana, Bea, Besazos.

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      1. vagandopormundopolis

        Así es que razón tienes ☺️has hecho bien en escribirlo a mí me ha gustado mucho, esas vivencias están muy bien forma parte de los viajes y a quien no haya estado Tb viene bien enseñar no solo los monumentos o templos sino la realidad que lo rodea. Que tengas muy buena semana 😘😘

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    1. Si, Soy Gallega Autor de la entrada

      Si piensas en todas las cosas que nos preocupan y después echas una ojeada a estas gentes viviendo en un entorno tan complicado con acceso muy limitado incluso al agua, ¡ como podemos quejarnos por nada!.
      Los padres parecen abuelos, la sonrisa que aún tiene la niña parece haber desaparecido de las bocas de sus padres.
      Nuestras vidas, con todos sus problemas, son un lujazo, solo puedo concluir.
      Besazos Alona.

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      1. AlonaDeLark

        sí, nuestras vidas son un lujo, si duda alguna. pero propio de seres humanos siempre buscar mejorar lo que tienen, no conformarse con que alguien vive peor, es por ello, que esta reflección nos ayuda solo en parte. hay que ser muy muy conciente y racional para poder concientizar estos contrastes y tomarlos como referencia para su vida. un abrazote

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      2. AlonaDeLark

        tu post es estupendo, tu sabes como me gustan tus publicaciones donde siempre se siente tu visiòn hacia la vida, y es una experiencia muy especial poder ver el mundo con ojos de otra persona. no es facil lograr, pero en ti parece es un don natural 🙂

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  4. chismilin

    ¡Madre mía, Luisa! ¡Tus experiencias no tienen límites! Qué viaje tan impresionante. Veo que eres experta en la India también. Coincido contigo en que las gentes de los países que visitamos son uno de los factores que más cala del viaje. ¡Gracias por compartir tu gran capacidad de observación con palabras y con fotos!

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    1. Si, Soy Gallega Autor de la entrada

      Madre mía, digo yo. Te agradezco el halago pero me hace sacar mi timidez.
      Me encanta India y cada vez que voy (espero volver) ha ido alargando los períodos de estancia. Además es tan inmensa que vas a lugares diferentes, aunque repito alguno que otro por logística.
      La gente es parte esencial de la experiencia, sino todo se resumiría en lugares y cosas. Siempre escojo el elemento humano.
      Si en algunos sitios la comunicación no fuese imposible, disfrutaría muchísimo conociendo mucho más de todo lo referente a sus vidas y costumbres.
      Gracias mil por tu expresividad, por tener tanta belleza interior, además de la exterior.
      Millón de gracias.

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