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Cuando las palabras no salen: Santiago-Valparaiso (Chile)

He estado demorando demasiado este post que quería haber hecho en Febrero, después del regreso de mi periplo por Chile y más: las palabras no salían, los sentimientos me colapsaban y lo que escribía no me gustaba. Incluso ahora creo que será largo y…………..ya veremos que sale.

Hoy decidí que no debía esperar más, saliera lo que saliera y aquí estoy dándole a la tecla y lo que viene a mi cabeza son sensaciones y sentimientos, emociones; para nada relatos de paisajes, museos, gastronomía, etc.

Escojo un día como más representativo de lo que fue mi estancia en el país del Cono Sur Americano. Es importante porque esa jornada repleta de bromas, risas, visitas, encuentros, actividad, es lo más parecido a un resumen de mis vivencias allí.

Viajo sola, por aquello de “o bien acompañada o sola”;  por mi cuenta y con un programa diseñado por mí, que es lo que más trabajo da, la organización de donde ir, por cuanto tiempo y qué ver, que disfrutar, teniendo en cuenta que si algo me gusta amplio el tiempo de estancia, que ya lo reduciré en otro lugar no  tan apetecible: una organización flexible, vamos.

Mi primera intención era, después de conocer Santiago de Chile ir a Valparaíso sin más, pero vi que en el hotel donde me alojaba ofrecían una visita guiada de un día con desplazamiento a Viña del Mar y Valparaíso a un precio mejor que el desplazamiento sin más. Me apunté.

Mis expectativas no eran altas, un tour guiado para poder situarme en las dos ciudades y al final del día, previo acuerdo, me dejarían junto con mi equipaje en el hotel de Valparaíso.

115 kms.separan las dos ciudades, lo cual supone hora y media de viaje. Hicimos una parada cuando nos acercábamos a Viña del Mar, en la que no percibí que hubiese ningún tipo de cohesión en el grupito de excursionistas. Me fijé en una chica rubia, alta, que se movía como pez en el agua entre todos nosotros, manteniendo conversaciones con alguna gente.

La llegada a Viña del Mar y visita al lugar donde se celebra el famoso festival de la canción comenzó a revelar cómo irían las cosas. La rubia Victoria, sin cortarse, haciéndose selfies con algunos del grupo, entre los que me encontraba. No deja de asombrarme este tipo de comportamiento porque alérgica como soy a las fotos (a hacérmelas) y mucho más a los selfies, aunque participé, debo admitir que no dejaba de admirarme cómo lo hacía, es decir, con desparpajo y naturalidad.

Seguimos visitas y paradas. Ya en aquel momento la gente interactuaba entre sí, confesaba nacionalidades y compartía informaciones más personales.

1.Pablo Neruda y Gabriela Mistral.

Homenaje a Gabriela Mistral y Pablo Neruda, ambos Premios Nobel de Literatura. Viña del Mar

2.Isla de Pascua.estatua de piedra monolítica Moai

Estatua Moai procedente de la Isla de Pascua. Viña del Mar

3.Oceano Pacifico.

Océano Pacífico, de pacífico nada. Playas donde no está permitido bañarse por su peligrosidad

4.Viña del Mar. Pelicanos.

Colonia de Pelícanos en Viña del Mar

En otra parada, una de las playas que baña el Océano Pacífico, más larga, que dio para café y charleta, empezó a cuajarse de forma natural un curioso grupo que tenían como hilo conductor los estudios y las profesiones de cada uno. La charla estaba de lo más animada, cuando llegó la hora de volver al autobús e ir a comer.

5.Restaurante Viña del Mar.

Viña del Mar, restaurante donde compartí tan buenos momentos con “mi gente linda”

En el restaurante y de una forma natural el grupo se dividió en dos, por afinidades. Creo que la mejor forma de describirlo es: los que disfrutábamos compartiendo conversaciones, vivencias, filias y fobias y los que en mesa aparte optaron por no relacionarse más que lo imprescindible.

Los grupos estaban más que claras: los que no callábamos ni debajo del agua y los que enmudecieron. Como diría después el simpático peruano Raúl: “el grupo hace la diferencia”, frase que quedó acuñada, era la descripción exacta de lo que sucedía.

La comida fue tan animada y divertida que hubiésemos pasado tranquilamente de visitar Valparaíso. Pero “the show must go on” (el espectáculo debe continuar) y seguimos el periplo en Valparaíso, sin parar de charlar tanto en el bus como en las paradas.

Hubo un pequeño problema entre los que utilizamos la palabra “coger” como describe la RAE : Asir, agarrar o tomar algo o a alguien.(y muchas acepciones más) y los uruguayos, argentinos, etc. que le dan un doble sentido y no la utilizan. Cuidadín con la palabra, ¡que cruz andar evitándola!!!

La rubia alta, Victoria, uruguaya ella, es de las que no utilizan la palabra “coger”, pero eso no impidió que en medio de todo el jolgorio que llevábamos, crease un grupo de Whatssapp con los marchosos del grupo del bus que denominó jocosamente: “Ve y cógelo”. A día de hoy seguimos en contacto.

6.Reloj Floral Viña del Mar.

El famoso reloj floral de Viña del Mar, regalo de varios países (la maquinaria del reloj:Suiza)

El resto de la visita a Valparaíso estuvo plagado de anécdotas entrañables, como por ejemplo cuando tanto Victoria como Raúl vinieron detrás de mi (me había ido a mi aire, como es mi costumbre) en el puerto de Valparaíso, para que no me pasase nada, ya que “habían visto unos señores muy feos”, frase que suelen utilizar con frecuencia por aquellos lares y que me hace mucha gracia. Ese fue el buen rollazo que se creó aquel día con aquella gente tan entrañable.

12.Puerto de Valparaiso.

Parte del puerto de Valparaíso desde mi balcón

También hubo tiempo para que me tomasen el pelo, ya que Valparaíso, situado en la ladera de unos cerros, tiene la característica de que sus calles son tremendamente empinadas y sus habitantes, estoy convencida, tienen poderosas piernas musculadas sólo por el hecho de tener que acceder a sus viviendas cerro arriba. Decía la rubia chungona: Luisa, ¿cómo te las arreglaste para subir hasta tu hotel los días que pasaste en Valparaíso? Pues, haciendo trekking, por supuesto. Jaja. Que conste que para subir algunos tramos hay ascensores, eso sí, de pago. Así es la cosa allí.

11.Valparaiso. Casas que suben hasta el cielo.

Las calles de Valparaíso que suben hasta el cielo

10.Ascensores para subir el primer tramo del cerro.

Vista parcial de uno de los cerros con un ascensor a la derecha (se ven los raíles)

9.Valparaiso. Mural en un garage.

Mural en la puerta del garage de una casa

8.Artesania de Valparaiso.

Profesionales Manos Maestras recrean las edificaciones de Valparaíso

17.La Sebastiana.

La Sebastiana, vivienda de Pablo Neruda en Valparaíso. Casa y vistas compiten en belleza

En un mundo que con frecuencia percibimos deshumanizado y donde cada cual va a lo suyo, reunirse un grupo de gente tan especial es realmente reconfortante. En una medida importante la conjunción de gente intrínsecamente buena, de buen corazón y por otro lado de un buen nivel cultural, se suele obtener un plus en todos los aspectos. Los dos elementos son importantes en la ecuación.

Con esos dos elementos, frecuentemente se es más capaz de manifestar pensamientos y sentimientos por encima de nacionalidades, creencias, razas, edades………………. y se propaga un clima de cordialidad, entendimiento y complicidad en el disfrute difícil de explicar.

Fue triste la despedida. Había sido un día tan espléndido e intenso en emociones que cuando me dejaron en mi hotel pensé: los voy a echar mucho de menos, que pena que se acabe. Me los llevaría conmigo durante todo el viaje.

Llegué al hotel, situado en lo alto de un cerro, ¡que buena elección!. Las vistas desde allí son espectaculares. El hotel-boutique Alto Mirador es una hermosa construcción de 1906 reconstruida. Posee además piscina, sauna y unas terrazas sobre el puerto y para ver las puestas de sol maravillosas.

Si todo eso no fuese suficiente, su personal es, además de atento y encantador, entrañable. Guardo un magnífico recuerdo del hotel, pero muy especialmente de la gente que allí trabaja. Te informan, te cuidan y te hace sentir mejor que en tu propia casa. Es un establecimiento de lo más recomendable.

7.Hotel Boutique Alto Mirador.

Pequeño y confortable Hotel Boutique Alto Mirador

Al finalizar el día, pero no menos importante, simplemente estoy relatando los hechos por orden, el encuentro con mi amiga de Facebook María Rosa. ¡Madre mía, nunca pensé que llegaría a conocerla!.

Cuando planifiqué el viaje estaba segura de que no la conocería ya que yo la tenía situada en Antofagasta y el norte de Chile no estaba en mi itinerario. Pero, ¡oh sorpresa!, María Rosa estaba viviendo en la zona de Valparaíso, así que quedamos y llegó a mi hotel con regalos mil: botellas de excelente vino chileno, llaveros, imanes con el nombre de la ciudad…………..y lo mejor de todo, un libro de poemas escrito por ella misma, que fui desgranando con gran placer a lo largo de mi viaje. Todo un descubrimiento sobre mi amiga en la distancia.

No fueron los regalos lo que me emocionó de María Rosa, aunque fue una abrumadora cascada de cosas que consigo traía, sino su dulcísima voz, su personal encanto, su mente de mujer que sabe de donde viene a donde va y cuales son las cosas importantes de la vida, sin obviar espinosos temas de la vida cotidiana que a todos nos afectan: política, religión, prestaciones sociales, amores y desamores, etc. que de todo un poco hubo en aquella intensa conversación.

Es fácil “ser amigos” por el Facebook, (una etapa en la que admití indiscriminadamente como amigos a gente que no conocía de nada, pero que cerré hace tiempo), no tan fácil ni frecuente, comenzar a conversar con una persona que realmente desconoces, como si la conocieses de toda la vida. Y eso fue lo que sucedió con María Rosa. La interacción fue tan fácil y normal que parecíamos amigas de toda la vida.

Auténtica, comprometida con muchas causas, fuerte carácter e ideas muy claras envueltas en un rítmico y dulce sonido de su espléndida voz. Voz que fue descubierta hace mucho tiempo y ha sido utilizada en videos para descripciones como voz en off.

Cenamos en un encantador restaurante muy original, con bonitos murales que hicieron más inolvidable nuestra amena charla.

La despedida tampoco fue fácil. ¡Qué pena no disponer de mucho más tiempo para compartirlo con ella, con sus vivencias, con sus explicaciones sobre el país!!

Como decía Raúl, que a la hora en la que me despedía de María Rosa, ya estaría de vuelta en Santiago de Chile, el grupo hace la diferencia; en Chile fue muy cierto.

16.Valparaiso. Miles de murales.

Valparaíso, Patrimonio de la Humanidad, la ciudad de los murales. Los hay por centenares

13.Valparaiso.Casas mentirosas.

Valparaíso, las casas mentirosas: un piso por delante, 3 o 4 por atrás.

14.Casas colgadas en los cerros de Valparaiso.

El cerro a la caída del sol, escalera de casitas y murales donde no se perciben las calles

15.Valparaiso atardecer.

Valparaíso al atardecer desde mi ventana

 

Más adelante, otro día, en un desplazamiento en taxi, el taxista me preguntó qué me había gustado más de Chile. Sin pensarlo, ni un segundo, le respondí: lo que más me ha gustado de Chile son sus habitantes, los chilenos, sin dudarlo. Se quedó bastante perplejo, no esperaba esa respuesta esperaba algún monumento, paisaje, incluso gastronomía. Mi respuesta, aunque inesperada, le alegró.

Me enamoró Chile, su gente, su amabilidad, su dulzura; que alguien te llame “corazón” sin conocerte de nada, cuando te está indicando una dirección me extrañó en el momento, pero posteriormente, al recordarlo, me pareció tan bonito. También me enamoró la gente que, sin ser chilenos, conocí en Chile. Mi recuerdo de ese país y sus gentes nacionales o foráneas, está ya grabado en mi cerebro de manera indeleble.

El grupo “Ve y cógelo” tiene planes para volver a viajar juntos. Si, amigos, “el grupo hace la diferencia” ¡ y tanto que la hace!. La diferencia es la maravillosa gente que un día por azares del destino, se reúnen en un mismo lugar y surge una reacción similar a lo que debió de ser el Big Bang en su momento, pero en pequeñito, jaja. Porque lo importante son las personas, las buenas, por supuesto.

9.1.Valparaiso.Murales.

Valparaíso, un mural muy simpático y naif

Para finalizar, este es un post que le debía a “mi grupo”, “mi María Rosa”, “mi gente del Hotel Boutique Alto Mirador” y por supuesto a “los chilenos” dulces, amables, serviciales y protectores que me encontré durante mi estancia en Chile. No pararon de cuidarme a pesar de no conocerme. Un placer haber estado en ese país, de corazón. Únicamente espero no haber sido demasiado “pastelosa” en mi relato, pero es lo que sentí y lo que aún siento.

 

Texto y Fotos: Luisa Vázquez

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