Archivo de la categoría: Gallega Viajando

Mis viajes fuera de la Comunidad Autónoma de Galicia, especialmente aquellos que me han aportado diferentes visiones a mi cotidiana realidad; los que me han hecho reflexionar, reir, estremecerme………

Momentos indescriptibles

Hay varios temas que me revolotean por la cabeza sobre los que escribir, pero he concluido que quizá necesito/emos un momento de reflexión y calma. Un estar contigo mismo y tus verdaderos pensamientos y sentimientos, esos que quizá no le cuentes a nadie o sólo a una persona muy cercana a ti.

Y viajo, me voy a Roskilde, Dinamarca, donde estuve en junio del año pasado y cuyo recuerdo me sugiere amabilidad, paz, tranquilidad.

Sabía lo que quería ver en la ciudad danesa pre-cristiana, no en vano hago los deberes antes de viajar, pero “por si acaso” entré en la oficina de turismo. Me indicaron amablemente los puntos de interés, los mismos de mi lista, y una recomendación final  que decidí seguir, no sin desconfianza, pero que dejé para el final.

Cuando ya era hora de volver a Copenhague, antes de coger el tren que me llevaría de nuevo a la gran urbe, caminé por la ruta recomendada: un paseo por un jardín-cementerio camino de la estación.

A pesar de haber visitado cementerios “obligatorios” como el Père Lachaise mi primera vez en París, la Chacarita mi segunda vez en Buenos Aires y algún otro, la sugerencia esta vez me resultó un tanto extravagante. No la esperaba en aquella ciudad.

Confié en el amable hombre danés y entré en el jardín. Comencé a ver lápidas por aquí y allá, diseminadas entre los bonitos setos, los grandes árboles, las flores. No era un cementerio al uso, a lo que estamos acostumbrados normalmente por estos lares. Tampoco se parecía a otros que conocía.

Observé que la gente utiliza aquel espacio como vía verde para acortar el camino entre el tren y el centro de Roskilde.

El lugar tiene mucho encanto e invita a la serenidad; está perfectamente cuidado, integrado en la ciudad y es un sitio perfecto para el paseo, para relajar la mente y el espíritu.

Hacía tiempo había leído una recomendación a seguir con la gente de ambiciones ilimitadas, pero que te importa su bien. Esa gente que sólo fija sus metas en lo material y en una acumulación de bienes, prevendas y demás tan brutal que no tiene sentido; algo que nunca disfrutarán ni ellos ni sus herederos y además, que nunca podrán llevarse en la inevitable despedida final que nos va a tocar a todos y cada uno de nosotros, si o si.

La recomendación era, pasear por un cementerio. Suponía el autor que un paseo de tal calado haría meditar al ilimitado acumulador. Hoy, ahora, no estoy nada segura de que alguna gente pueda asimilar la filosofía que hay dentro de ese consejo.

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Caminando hacia el centro de Roskilde

 

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Sencillo, bonito, sincero

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Sonia: 1936-2014 Roskilde

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Estatua en el jardin de Roskilde

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Entre setos de Lavanda. Roskilde

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Cuando la vida se relaciona con la muerte

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Roskilde

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Camino al exterior de la tranquilidad. Roskilde

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Entrada al jardín-cementerio de Roskilde

 

Hoy, con este paseo que hice en un pasado cercano, vuelvo al sosiego de aquel momento. Hoy, cuando todo a nuestro alrededor es resquebrajamiento y crispación, acusaciones múltiples y mucha falta de sentido común mezclado con falacias insostenibles, por muchos apuntalamientos que se les ponga, hoy es el día de recorrer esa ruta del jardín-cementerio.

Todo invita allí a la tranquilidad, a la introversión, al bienestar con uno mismo, os invito a pasear por el relajante jardín de Roskilde y a dejaros llevar por una senda de cordura, que diríamos en Galicia, de “sentidiño”. Cada uno que saque sus propias conclusiones.

 

 

 

Texto y Fotos: Luisa Vázquez

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Cuando la Navidad no tiene fecha fija

Todo fue casual, en un vuelo entre el Cairo y Bombay, actualmente denominada Mumbai. Hablamos media docena de frases corteses en el transfer entre el hotel y el aeropuerto. Otro cambio de impresiones en una escala técnica en algún aeropuerto a medio camino, muy dormidas ya que el vuelo era nocturno.

Nos quedábamos, una amiga y yo, 15 días en Mumbai, trabajo y turismo en el mismo paquete.

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Primera vez en Mumbai

El destino quiso que la mujer con la que había intercambiado unas cuantas impresiones, como ya relaté, trabajaba casi al lado del hotel donde nos alojábamos, así que terminó invitándonos a cenar. Cena para cuatro, ella y su marido, mi amiga y yo.

La noche que nos recogen en el hotel ella vestía el tradicional sari, estaba espectacular. La imagen no tenía nada que ver con nuestro aspecto cansado y ropa informal y cómoda  del día del vuelo.

El restaurante que habían escogido, más hubiese apostado por verlo en Nueva York que en la capital india. Les gustaba mucho por ser tremendamente divertido. No sólo era la comida, sino la originalidad de la puesta en escena. Los camareros, súbitamente dejaban de servir mesas para hacer una coreografía mientras cantaban; algunas bebidas se servían en unas copas tan altas que debías ponerte en pie para poder beber. Era una mezcla de sensaciones inesperadas y simpáticas. Lo disfrutamos mucho, fue una velada perfecta.

Los indios son indescriptiblemente hospitalarios. Fuimos a tomar un té en su casa para conocer a su hija. Encantadora como su progenitora, muy simpática, guapa y con una vitalidad desbordante.

Así fue como comenzó mi amistad con Villoo, que ha perdurado a través de años. ¿Pueden llegar a conocerse dos personas a través de correos electrónicos?. Diría que si, si ambas son sinceras y honestas.

Poco a poco, fue participando de mis alegrías y penas, luces y sombras. En tiempos difíciles siempre me ha ofrecido su casa y pasar un tiempo con ellos hasta que me recuperase de los reveses de la vida. Nunca fue posible hacerlo, pero lo relevante siempre ha sido su cercanía y disponibilidad para ser un refugio, además de sus acertados consejos.

A pesar de que también he sido partícipe de sus penas, dolores y preocupaciones, siempre he sentido que estaba siendo ayudada, más de lo que yo podía ayudar.

Mi amiga es dulce, amorosa, y tiene la facultad de decir las palabras adecuadas en cada momento. Siento que tiene el don de la sabiduría, una mezcla de inteligencia y corazón difícil de explicar, fácil de sentir.

Hace casi 4 años ya, volví a India por tercera vez para un recorrido por los Himalayas indios, una dura e impresionante experiencia por encima de los 4.000 metros de altitud, en el denominado pequeño Tibet.

Me invitaron a quedarme con ellos en Mumbai al final de mi periplo. Me había dicho: “el tiempo que desees”, con su generosidad habitual; decidí que una semana era lo adecuado.

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Puerta de la India, un lugar imprescindible en la visita de la ciudad

No voy a negar que estaba un tanto inquieta, no sabía cómo iban a desarrollarse aquellos días, aunque, por otro lado, mi conocimiento sobre ella, mi instinto indicaba que todo iría bien.

Cuando llegué a su casa, después de 2 vuelos que ocuparon todo el día, más las 3 semanas previas estaba extenuada. Había comenzado a tomar las pastillas para la malaria, imprescindibles para permanecer en Bombay en época de monzones: lluvia y humedad tórrida. Tan imprescindibles como matadoras, te dejan tumbada.

Villoo había pedido un día libre en su trabajo para acompañarme durante todo el primer día y salir de compras o lo que yo prefiriese hacer. ¡Que desastre! Debido a mi extremo cansancio y las pastillas, aquel día después de ducharme, desayunar e ir las dos a unos almacenes que me traían muy buenos recuerdos de mi anterior estancia, escasamente duré en pie media hora.

Hubo que volver a casa, acostarme y dormir durante 24 horas, del tirón, sin levantarme ni para ir al baño.

Me sentía fatal por no haber podido aprovechar el día libre en su compañía. Ella le restó importancia al asunto, aunque realmente estaban preocupados con una extranjera en su casa durmiendo tantas horas seguidas sin dar señales de vida. ¡No te levantaste ni para comer!, dijeron al día siguiente. Imagino su preocupación, mientras yo recuperaba.

A partir de ahí, nada había sido dejado al azar. Había un plan para cada uno de los días que permanecí con ellos. Conocí su día a día, incluida la compra en un supermercado con la hermana, mientras ella iba a trabajar. Lo disfruté mucho, fue curioso a la vez que gracioso. Pero lo más llamaba mi atención era lo cómoda y bien acogida que me sentía.

Volcados conmigo, me sentía un tanto desbordada y sin posibilidad de invitar a nada ya que estaban previsto todos y cada uno de los días. Imposible relatar tantas sensaciones.

Una noche sus amigos más cercanos venían a cenar a casa. Una guirnalda de flores adornaba la puerta de la entrada y unos dibujos en el suelo que llamaron mucho mi atención, pequeños detalles pero muy agradables.

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Guirnalda de flores en la entrada

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Decoración en el suelo, especialmente hecha para aquel día

Me había preguntado cómo serían los amigos y si tendríamos algo en común para conversar. Muy pronto verifiqué que habría podido conversar con ellos durante muchas cenas. Sus amigos son cálidos, cercanos, divertidos, con conversaciones que me transportaron a mundos desconocidos pero realmente interesantes, en los que me hubiese gustado profundizar. Por otro lado, sobre España sabían casi tanto como yo misma. Una noche entrañable, difícil de olvidar.

Finalizando la velada me percaté de que mi amiga y su marido se acercaron de manera muy cariñosa y se dieron un piquito. Fue un momento, tan natural a la vez que tierno, una imagen que se quedó grabada en mi cerebro. Un matrimonio que habiendo celebrado ya los 50 años de casados, todavía se tienen esa devoción, me conmueve.

Mis días con ellos llegaron a su fin y volví envuelta de una sensación de tranquilidad y  paz, contagiada del ambiente que se respira en aquel entorno.

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Preparados para la velada

Es imposible describir todas las sensaciones de los momentos vividos en aquel hogar y los recuerdos acumulados en aquella semana, todos ellos contienen mucha emoción.

A pesar de todo lo dicho, es una familia normal, con problemas, sinsabores, reveses y las preocupaciones que conlleva cualquier vida, pero más que nada, lo que allí se respira es armonía. Deduzco que ha sido siempre su forma de vivir desde el comienzo de la relación, quizá desde antes de comenzarla; ese modo de existir es algo que no se improvisa.

Sus mentes abiertas, sin tabúes, donde cualquier cosa puede ser hablada de una manera pausada, medida, sin estridencias, es otra característica de ese extraordinario grupo de personas que tuve la suerte de conocer.

Son conscientes de la realidad que les y nos rodea, están implicados en ayudar a los demás de diversas formas, ya que también hablamos de ello. No viven en una burbuja alejados de la realidad, sino todo lo contrario, podrían hacerlo, como tantos otros, pero no lo hacen.

Si habéis llegado hasta aquí en la lectura de esta entrada, estaréis pensando ¿ y esto qué tiene que ver con la Navidad?.

Las Navidades, desde mi actual punto de vista, se han convertido en una celebración carente de sentido. Ya sólo las entiendo cuando hay en casa niños pequeños. Por lo demás es una disculpa más para el mercantilismo más feroz.

Han perdido el sentido que tenían no hace tantos años, convirtiéndose en una loca carrera de compras de regalos que, frecuentemente, ni son agradecidos, sino que se perciben como una obligación por parte del que ofrece el regalo. Además y a veces, también como una batalla familiar con resultados inciertos.

Mucha gente, incluida yo misma, por diferentes motivos, hemos decidido que es el momento de poner tierra por medio y si es a un lugar donde no exista la falacia navideña, mejor que mejor.

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Vista desde la ventana del hotel en mi primera visita a Mumbai

Este año, que no puedo evaporarme, vuelvo la mirada hacia ese lugar de Oriente medio, con nostalgia. Allí SI encuentro un permanente espíritu navideño, aunque no se celebre la navidad, y me imagino envuelta en un invisible manto de cariño y serenidad con solo pensar en ello.

Deseo, de corazón, para todos vosotros, que vuestras vidas se llenen de esa paz interna que me invade cada vez que estoy en contacto con mi querida amiga Villoo. ¡Felices Fiestas!

 

Entradas sobre los Himalayas indios, el denominado Pequeño Tibet

Ladakh, Pequeño Tibet. Nueva Delhi

4.000 metros de Altitud. Leh

Festival Budista Tibetano

4  Imágenes para el recuerdo. Pequeño Tibet

Un atentado nos sorprende en Lamayuru. Pequeño Tibet V

 

 

Texto y Fotos: Luisa Vázquez

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El Sol de Medianoche: Sensaciones

Fue el día del 16 de junio 2016 cuando el plan era navegar por el fiordo Holands; el paisaje era fantástico desde el principio. Cuanto más nos adentrábamos hacia el fondo del fiordo, comenzó a haber una luz que hacía que las montañas, las nubes, los árboles, las casas, todo, se reflejase en la impávida agua como si de un espejo se tratara. Era una continua sensación de sosiego, tranquilidad, con un escenario cambiante pero siempre sereno. Ningún tipo de embarcación navegando por aquellas aguas, nada que alterase el lento paso de nuestra embarcación.

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Entrando en el fiordo Holands

Después de varias horas, llegamos al destino deseado, el glaciar Svartisen, visible desde el final del fiordo. El glaciar es grandísimo, si se observa en un mapa, pero desde el agua, lo único que puede observarse es una lengua gruesa y helada que se detiene metros antes de tocar el agua.

Estuvimos allí detenidos, al menos una hora para poder disfrutar de la magnífica vista.

Los glaciares son preciosos e impresionantes. No es el primero que veía, tampoco el más grande ni el más impactante pero, de todos modos, muy bonito. Una tremenda masa de hielo agrietada que sigue montaña arriba hasta donde la vista alcanza y mucho más.

Como obsequio al interés en ver el compacto conglomerado de agua helada, la meteorología nos dio una tregua. Ya no soplaba el gélido viento ártico que nos había acompañado hasta nuestro destino y se pudo disfrutar en la cubierta al aire libre de la majestuosidad del Svartisen sin estar ateridos de frío y sin necesidad de gorros y guantes. Eso sí, las nubes tampoco quisieron perderse el espectáculo y permanecieron en sus posiciones aunque sin obstaculizar la visión.

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Mapa donde se observa el Glaciar Svartisen

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Una lancha, para obtener fotos del glaciar, botada desde el barco, se ve enanita

Después de la hora larga prevista, navegamos el mismo camino a la inversa. Durante bastante tiempo, diría que un par de horas o quizá más, seguí contemplando la espléndida naturaleza salpicada de pequeñas casitas aquí y allá o alguna estación del Hurtigruten: el mítico sistema de correo por mar en pequeños barcos que conecta casi todo el litoral de Noruega, más de 2.700 kms de ruta, desde Bergen hasta Kirkenes y que comenzó a funcionar en 1893. Es un servicio diario de transporte que tarda seis días y medio en llevar el correo hasta el lugar más recóndito del país nórdico, aunque ahora también transporta pasajeros y carga, pero no en sus inicios.

Poco a poco, la cubierta del barco donde navegaba, antes llena de gente disfrutando el paisaje, se fue quedando vacía. Volvió el gélido viento, lo cual hacía que asomarse a una pequeña ventana abierta para tomar alguna foto fuese bastante peor que meterse en un congelador; al menos los congeladores no traen ráfagas eólicas.

No podía quitar mis ojos de aquellas altas montañas pobladas de cientos, miles de árboles, las imposibles carreteras estrechísimas zigzagueantes, y los reflejos sobre el agua del fiordo.

Desde ahí y hasta el final del periplo no paré de enamorarme de los paisajes,  siempre diferentes, a veces poblados bosques, otras tundras, cuando no inmensas rocas graníticas. Las pequeñas casas de madera de colores aisladas o pequeñísimos pueblos, la tierra de los miles de faros, en cada pequeña islita habitable o no, en cada cabo, en sitios mil. La ruta de los faros allí es casi misión imposible, hay demasiados.

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Aguas como un espejo

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Picos nevados y casitas cerca del agua

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Estaciones portuarias en relación inversa a la inmensidad de las montañas

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Inmensos bosques que arropan pequeñas casas

En cuanto abandonamos el fiordo el paisaje era cielo y mar sin ningún aditamento.

Todos los días desde el comienzo del viaje y conforme me acercaba al Círculo Polar Ártico, estaba pendiente de la hora a la que se ponía el sol y a la hora que amanecía. Cada día se estrechaba más la franja horaria entre la puesta y la salida.

Aquel día, sentada en mi cabina, miré la información del puente del barco por el canal interno de televisión, donde se reflejan todos los datos de coordenadas por donde se navega, temperatura, hora a la que el sol se pone y cuando amanece. Eran casi las 12 de la noche.

Estaba despistada, había sido un día intenso y aún tenía en mi mente toda la belleza que había entrado por mis ojos aquel día. Vi que la pantalla ponía: Puesta de sol 12.00, Amanece 12,00. Pegué un brinco y salté de la cama: ¡por favor, hoy hay posibilidades de ver el sol de medianoche! Volví rápidamente a la cubierta al aire libre, donde ahora el viento era notoriamente más fuerte que por la tarde y la temperatura había bajado sensiblemente. Seguramente debido a ese viento, no había ni una nube, ni niebla, y siiiiiiiiiiiiii , había un sol redondo, espléndido, majestuoso, que bajó hasta la línea del horizonte por un momento e inmediatamente volvió a comenzar a subir. Brillaba como en pleno día y la sensación era extraña; yo estaba nerviosa, sorprendida e incrédula.

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Puesta de sol, a las 12.00

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Amanece a las 12.00

Fue curioso, solo estábamos admirando aquel, para mí inédito fenómeno, menos de una docena de personas: 2 parejas haciéndose fotos mil, 3 alemanes y yo. Los alemanes también estaban entusiasmados por lo que habían contemplado. Me decían: ” ¿lo viste, lo viste?”. Es tan leve el momento de la transición entre la puesta de sol y el amanecer que o estás muy atento o no lo percibes.

A partir de ese momento comprendí por qué las guías turísticas recomiendan poner el reloj con la hora exacta; las guías no lo aclaran, pero la puesta de sol dura un suspiro. Deben de dar por supuesto que es algo que todo el mundo sabe, aunque obviamente no es así.

Acerca de este tema, escribía el Premio Nobel noruego, Knut Hamsun (1894) en su afamado libro de juventud, “Pan”: “La noche se acercaba de nuevo, el sol apenas se había sumergido en el mar y resucitó de nuevo, rojo, refrescado, como si hubiera ido a beber. ” Podría sentirme más extraño en esas noches de lo que nadie podría creer…

La sensación la viví de manera similar a como el escritor la describe (esta cita la encontré a mi vuelta); es raro, es de madrugada y se puede leer con luz natural y por otro lado tienes una sensación de que no es hora de irte a dormir, incluso de repente, con la emoción del momento, no estaba cansada ni deseaba descansar. Fue emocionante.

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El Sol de Medianoche. Foto tomada a las 00,09 a.m. 16 Junio 2016

Antes de comenzar mi viaje a Noruega, demorado en varias ocasiones por diversas razones, como si por algún arte maligno se me penalizase con la espera, pensé que el sol lo vería aproximadamente a la altura del Círculo Polar Ártico; fue un pensamiento fugaz, una intuición que se hizo realidad. Posteriormente mantuve la esperanza de repetir la vivencia, realmente me hubiese encantado,  ya que iba a estar durante días en latitudes donde se puede contemplar dicho momentazo; finalmente no fue posible. Días de nubes, a veces con unos rayos de sol que se colaban entre ellas, tiempo en el que se abría la esperanza de que el Astro les ganase la batalla, se fue quedando en esperanza; otras veces niebla densa.  Finalmente los días que pasé en las latitudes donde podría volver a embelesarme, la caprichosa climatología no lo permitió.

Me hubiese encantado una segunda vez, diferente cuando de antemano sabes cómo es. Ciertamente, no hubiese sido tan impresionante………….o quizás si; lo que es seguro es que lo hubiese saboreado de otra manera, calibrando los segundos.

La explicación del Sol de Medianoche es que la tierra rota sobre un eje inclinado respecto al Sol, y durante los meses de verano el Polo Norte está orientado hacia nuestra estrella. Es por esta razón que durante varias semanas el sol nunca se pone por encima del Círculo Polar Ártico. Pero, si como a mi me pasó, cada día el cielo se llena de nubes o niebla, efectivamente hay luz 24 horas, pero el impactante sol a las 12 de la noche no es visible.

Hermoso y cautivante el fenómeno de las 00,00 en una noche-día donde solo estaba el Astro Rey luciendo poderoso y un Mar en Calma. Despues vinieron 6 días de espera en el que su visibilidad quedó oculta; me sorprendió el primer día de los posibles y me dejó expectante los siguientes. De todos modos, fue una sensación que me dejó fascinada. ¡Gracias Sol por haber aparecido aquel día!

 

 

Texto y Fotos: Luisa Vázquez

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Oro líquido que sale del grifo, ¡agua!

Estamos tan acostumbrados a abrir un grifo y que salga agua que no sé si somos conscientes de la maravilla que se esconde tras ese gesto cotidiano y normal para nosotros.

Esto viene al hilo de lo que me sucedió el pasado sábado. Me levanto, y lo primero que hago es pillar mi pastillita para el hipotiroidismo, compañero de ruta desde hace unos años, e ir a por agua para tragarla. Opppsss, abro el grifo y no hay agua. Un leve hilito que rápidamente desaparece.

Cambio de grifo, por si las moscas, y más de lo mismo. Definitivamente no hay, así que me dedico a recolectar lo que queda en el fondo de alguna botella y además de tomar la pastilla, me hago un leve lavado de gato y me arreglo para salir a desayunar en una cafetería.

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Agua en Galicia, oro líquido en abundancia. Fuente con gorriones

Mientras espero a que llegue el ascensor pienso que tampoco es tan grave la cosa, al fin y al cabo estamos instaurados en la rutina de la ducha diaria y aunque un día pases con un pequeño enjuague no me parece que sea una tragedia.

El ascensor se para en su bajada y entra una vecina. Por supuesto, el tema de conversación es la falta de suministro. Me explica que ellos (su marido y ella) se levantaron temprano y que ya no la había; que había enviado a su “santo” esposo a comprar unas garrafas para poder asearse.

Bueno, pienso yo, tampoco será para tanto, no creo que la cosa dure mucho tiempo y proveerse de garrafas me parece demasiada provisión, a no ser que las hayan usado para ducharse uno regando al otro. Jeje, tremendos pensamientos atraviesan mi malvada cabecita mientras imagino la escena.

El relato que me hace con cara de enfado, que ahora se me antoja sea su cara habitual, me parece un poco excesivo. Ya sabemos que en cualquier momento puede haber una avería y nos podemos quedar sin luz, sin agua o sin lo que sea, pero también sabemos que es temporal, normalmente por poco tiempo y después todo vuelve a la normalidad.

Pienso: hay personas que solo ven lo negativo y ¡ qué poca resistencia tienen por una pequeña adversidad diaria!. ¿No se da cuenta de que todos los días dispone de un tremendo caudal de agua al que no da ninguna importancia y que no se siente afortunada por ello? ¡ Debo estar yo muy filosófica!

Llegamos a la calle y nos despedimos. Me libré de su gran tragedia y me fui a tomar mi rico desayuno.

Ya en la cafetería me entero de que hay una avería, que han cortado el suministro a las 7,30 de la mañana, pero a las 11 más o menos ya había vuelto. Problema y trauma resuelto, para quien lo haya tenido.

Mientras desayunaba, comienzan a recorrer mi mente muchas imágenes que están en mi cabeza y algunas de ellas también en mis fotos. Muchas más en mi cabeza que en mis fotos.

Frecuentemente no damos importancia a lo que tenemos y a veces pequeñas cosas son las más importantes, así que he recogido algunas imágenes de lugares con escasez de agua, de sitios donde los puntos de suministro son comunales, o de ciudades donde bañarse en un río que es marrón y donde flotan todo tipo de cosas (se pueden deducir fácilmente) es un lujo. En ese río, se bañan, se enjabonan, se lavan los dientes y lo mágico es que son felices.

En esos mismos sitios, sólo hay luz eléctrica desde las 21 horas hasta las 9 de la mañana, los días que hay suerte y en la mayoría de las casas, o como quiera que se llamen esos habitáculos, tampoco disponen de luz eléctrica.

Las imágenes a continuación corresponden a la región de Ladakh, denominado pequeño Tibet, en los Himalayas indios.

_en ruta.Bomba de agua

Parada en ruta, una mujer cogiendo agua que extrae con una bomba

_Rizzon.Lavando ropa

Rizzon, aprendices de monjes lavando su ropa

_Likir.Monje lavando

Cercanías del monasterio de Likir, monje lavando su ropa al lado de un manantial

581_LAMAYARU.Lavando dientes

Lamayuru, lavando los dientes en una zona comun. (Mantenga el area limpia,reza el rótulo)

Las imágenes que vienen a continuación están tomadas todas en el río Ganges donde suceden tanto los acontecimientos importantes como los cotidianos para los habitantes de su rivera.

_Ganges.Ablucion matinal

Abluciones matinales en un Ganges totalmente color café

_Ganges.Todos al baño

Baño de personas y animales. Los cuervos atentos sabedores de que habrá comida

_Ganges.Hijo bañando a padre

Enternecedora imagen de un hijo ayudando a su padre en su higiene

_Ganges.Bañista sonriente

La felicidad es un estado interior. Me encanta la sonrisa de este hombre

_Ghat.

Lavado de cuerpo, alma y ropa

_Ganges.En grupo

Se bañan, lavan el pelo, la ropa, sonrien, saludan……………..sorprenden

_Ganges.Cepillandose los dientes

lavando los dientes en el agua marrón

_Ganges.Cuervos y su presa

Comida para cuervos. Es lo que parece. A los fallecidos de lepra se les tira al Ganges, al mismo sitio donde todas las demás fotos fueron tomadas

_Ghat.Lavando ropa

Hombre con su ropa enjabonada, lavándola en el Ganges

_Varanasi.En la calle

Hombre duchándose en una calle de Benarés o Varanasi

Las tres fotos a continuación son campamentos para occidentales, utilizados en verano, ya que en invierno todo está nevado. Este es el lujo para occidentales, y lo de lujo no es irónico, es absolutamente real. De día se pueden alcanzan los 22-24º de temperatura, por la noche hay que dormir con doble o triple capa de ropa térmica.

949_Tsomoriri.Campamento

Campamento permanente en Tsomoriri, región de Ladakh

943_Tsomoriri.Suite

Interior de la tienda, con camas y esterilla. La apertura del fondo da al baño

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Cuarto de baño en cada tienda. Durante el día el sol calienta las tuberías y hay agua caliente. ¿El cacito pequeño? Para ducharse, está claro. El agua cae sobre la gravilla

Las próximas 2 fotos corresponden a hombres que trabajan construyendo carreteras. Cuando tienen un punto de agua, que baja por la tubería, procedente del deshielo de los picos de las montañas, lavan el camión, su ropa y se duchan.

_Lamayuru.Limpieza general

Lavando camión, ropa y a ellos mismos

_Lamayuru.Secando ropa

Secando la ropa que acaban de lavar

 

Dos últimas fotos de mujeres lavando ropa, verdura, vajilla……………….

_Manali

Mujeres en Manali lavando ropa y verdura

_1.Ladakh.Lavando vajilla

Niña lavando vajilla en la calle en Tsomoriri. Agua en un pequeño tanque

 

Finalmente, esto, sólo ha querido ser una pequeña reflexión sobre incidencias esporádicas, que deberíamos tomarlas como tal. De vez en cuando hay que mirar hacia atrás y ver que lo que desechamos, frecuentemente es una joya para otras personas. Esto del corte de agua y de mi trágica vecina, me he hecho pensar por un rato.

Tenemos asegurado tanto suministro de agua como de luz, ¡ que lujazo!

 

 

Entradas sobre Pequeño Tibet:

Ladakh, Pequeño Tibet. Nueva Delhi

4.000 metros de Altitud. Leh

Festival Budista Tibetano

4  Imágenes para el recuerdo. Pequeño Tibet

5 Un atentado nos sorprende en Lamayuru

 

 

Texto y Fotos: Vázquez Louise

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Un atentado nos sorprende en Lamayuru. Pequeño Tibet V

Nuestra llegada el día anterior a Lamayuru nos deja con los planes en suspenso. Ha habido un atentado, pero no sabemos más detalles ni tan siquiera donde ha sido. Se preveen carreteras cortadas y todavía es pronto para conocer en cuantas cosas más va a afectar al recorrido.

Una serpenteante carretera nos lleva a Lamayuru

Una serpenteante carretera nos lleva a Lamayuru

Una de las las consecuencias del aislamiento de la región donde nos encontramos es la desinformación. La única manera de saber alguna cosa es a través de la televisión, a partir de las 9 de la noche, ya que durante el día no hay electricidad. Claro, la televisión si entiendes el hindi, que no es el caso. Las líneas telefónicas, solo operan las tradicionales, nada de internet ni teléfonos móviles. Así que toca tomarlo todo con tranquilidad y esperar. Al menos la casa de huéspedes es bastante decente y desde la terraza las vistas de Lamayuru son espectaculares.

En el pico de la montaña el Monasterio de Lamayuru

En el pico de la montaña el Monasterio de Lamayuru

Mientras no sabemos qué pasó, donde ha sido el atentado y qué consecuencias va a tener en nuestro recorrido, la mejor opción, por otra parte magnífica, es seguir subiendo hasta el monasterio ya que el pequeño pueblo desde allá arriba es una gozada visual.

A la entrada se encuentra un rodillo de oración enorme, como es usual en todos estos lugares. Llama poderosamente la atención la cantidad de rodillos que hay en todos los tamaños y en cada tramo.

Bajo la mirada de unos monjes, juegan un niño de la escuela del monasterio con un niño rubio (muy exótico en esta parte del mundo) , cuya madre permanece inmutable sentada cerca. Su inmutabilidad, me irrita ya que imagino que los rodillos no son para jugar, y pienso, otro niño maleducado. Los monjes, parecen ser más comprensivos que yo.

Gran rodillo de oración en Lamayuru

Gran rodillo de oración en Lamayuru

Llego al monasterio durante el rezo de la tarde y dentro del templo, además de los orantes hay 3 personas que hablan francés. Supongo que tienen que ver con el niño y madre rubios que encontré hace unos minutos.

Durante los rezos se reparte una bebida, que forma parte del ritual de oración. Esta bebida también se ofrece a los visitantes que en aquel momento se encuentran en el templo.

Monjes orando en Lamayuru

Monjes orando en Lamayuru

Tiempo de rezo en Lamayuru

Tiempo de rezo en Lamayuru

Tiempo de rezo en Lamayuru

Tiempo de rezo en Lamayuru

Cuando llego al interior del templo, la ceremonia ha comenzado, pero el resumen es rezos y música que proviene de las trompetas de los monjes y del enorme tambor a modo de gong que toca el monje que está frente a él. La música se lee en ese libro estrecho y alargado que tiene delante. En todas las ceremonias se puede ver ese formato de libro, tanto para música como para oraciones. Además es curioso ya que las hojas no están cosidas sino que van sueltas.

De regreso a la casa de huéspedes seguimos sin noticias. Únicamente se sabe que explotó una bomba, que la autoría se atribuye a seguidores musulmanes y no mucho más. Habrá que esperar hasta el día siguiente para saber que más está pasando.

Con la soberbia vista de Lamayuru, desde el pequeño jardín en nuestro hospedaje, despedimos el día y vemos cómo se va poniendo el sol sobre las montañas, que van cambiando de color mientras el astro se retira. ¡ Un fantástico atardecer!.

Monasterio de Lamayuru y banderas de oración

Monasterio de Lamayuru y banderas de oración

Por la mañana temprano, antes del desayuno, bajo hasta la zona del pueblo que no vi el día anterior. Sus ciudadanos se desperezan y comienza la vida cotidiana: una mujer sale con unas cuantas cabezas de ganado y un gran cesto a su espalda, para lo que surja durante el día; un hombre herrando a su caballo, otro hombre lavándose los dientes (post anterior), un padre, que más parece abuelo, llevando a su hijo a la escuela. Lo normal de un día a día, pero diferente por las extra empinadas cuestas y lo diferente de sus gentes y sus circunstancias.

Temprano por la mañana con la cesta a la espalda

Temprano por la mañana con la cesta a la espalda

Si vives en un sitio como este, estás en forma si o si.

Si vives en un sitio como este, estás en forma si o si.

Durante el desayuno seguimos sin suficiente información pero es seguro que el problema de fondo son los constantes problemas entre budistas tibetanos y musulmanes. Lo que desconocemos es cómo va a afectar a nuestros planes.

Y con esta perspectiva, nos dirigimos a Alchi, pueblecito situado en el bajo Ladakh. Es considerado uno de los más importantes emplazamientos culturales a lo largo de la cordillera de los Himalayas.

También su monasterio, uno de los mayores tesoros budistas, muy apreciado por sus frescos muy bien conservados y sus exhuberantes pinturas en el santuario, algunas de ellas datadas en el Siglo XI.

La visita a Alchi por lo tanto, es muy importante y una de las principales razones por las que estamos yendo hacia allí; pero a nuestra llegada y despues de la matadora carretera que hasta allí conduce, nos encontramos con un pueblo totalmente desierto. Tanto el monasterio con todas sus maravillas y riquezas se encuentra cerrado, así como tambien están cerrados todos los puestos de venta de artículos típicos. Es triste haber hecho tantos kilómetros para perdernos una de las mayores joyas en Ladakh.

El único consuelo es un obrador de pastelería excepcional, difícil de encontrar por aquellos parajes. De todos modos la compensación fué insignificante para lo que esperaba de Alchi.

Allí, en el medio de los solitarios caminos, me encontré a un francés que viajaba solo, en bicicleta, y pernoctaba de cuando en cuando en algún monasterio. Me pareció muy interesante y por otra parte una de las mejores desconexiones con el mundo que pueden existir, ya que él no se había enterado de ningún atentado, ni bomba, ni nada que se le pareciese. Centrado en su viaje y en su supervivencia, el resto del mundo parecía no existir pero tampoco parecía estar interesado en ello.

Lo más notable de aquel emblemático sitio, sin duda fueron sus lugareños, ataviados con los trajes típicos y dando vueltas en un recorrido que seguía las manecillas del reloj. Yo, que no me había percatado de que era unidireccional, y a pesar de ser un recorrido exento de gente, al menos aquel día, al verme hacerlo a la inversa se enfadaban mucho y me dirigieron hacia donde debería ir, o sea en dirección contraria.

Mujer vestida con el típico sombrero de la zona

Mujer vestida con el típico sombrero de la zona, mientras todos rezan

Típico atuendo de la zona y portando un rodillo de oración

Típico atuendo de la zona, portando un rodillo de oración mientras hace girar unos rodillos más grandes.

Finalmente y con tristeza Alchi queda atrás, mientras la siguiente pregunta era cuales y cuantos monasterios budistas tibetanos estaban cerrados por la protesta o quizá protegiéndose ante otro posible o probable atentado.

Después de haber disfrutado tanto del encanto y emplazamiento de Lamayuru, así como de haber podido asistir a una ceremonia de rezo budista tibetana, con un bello ceremonial, duele la espina de no haber podido disfrutar del presunto esplendor de Alchi. Desgraciadamente no queda demasiado cerca para volver en otro momento.

 

Continuará en: Pequeño Tibet VI

Entradas de esta serie:

Ladakh, Pequeño Tibet. Nueva Delhi

4.000 metros de Altitud. Leh

Festival Budista Tibetano

4  Imágenes para el recuerdo. Pequeño Tibet

 

Texto y Fotos: Luisa Vázquez

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Imágenes para el recuerdo.Pequeño Tibet IV

En el anterior post, estuvimos en el Festival Budista Tibetano de Phayang y en el día de hoy nos esperan bastantes horas de coche; aunque las distancias no son largas, las condiciones de las vías, que en la mayoría del recorrido es simplemente una pista estrecha y con muchas curvas, hace que cualquier distancia a recorrer se haga eterna.

Carreteras polvorientas y justitas

Carreteras polvorientas y justitas

Atrás queda el monasterio de Likir con su impresionante Buda cubierto de oro y que tiene una altura de unos siete metros y medio.

Monasterio de Likir

Monasterio de Likir

También atrás quedan los monjes trabajando la tierra o lavando la ropa en una acera cerca de un manantial mientra conversa con otro miembro de la comunidad, que hace un alto en su laboreo. La vida en esta parte del mundo es así de simple, así de natural.

Monje lavando ropa encima de la acera

Monje lavando ropa encima de la acera

Nos estamos dirigiendo a Rizong, otro monasterio sito en una ladera de montaña, resguardado y con unas vistas espectaculares sobre la cadena montañosa, que a lo lejos nos deja ver unos cuantos picos nevados. Abajo, se ven los 3 vehículos en los que nos desplazamos. Todo es silencio y quietud.

Vistas desde el Monasterio de Rizong

Vistas desde el Monasterio de Rizong

No muy lejos, hay una escuela-guardería donde encontramos las primeras monjas desde que estamos en Ladakh.

Monjas de una escuela-guardería

Monjas de una escuela-guardería

Niños de una escuela-guardería lavando ropa

Niños de una escuela-guardería lavando ropa

Seguimos nuestra ruta hacia Lamayuru, donde llegaremos por la tarde. Teniendo en cuenta de que hemos salido temprano por la mañana, y solo hacemos dos paradas, los kilómetros se hacen eternos.

Después de mucho tiempo de carretera hacemos una parada técnica: urgente ir al baño y comprar agua embotellada, una de las normas básicas para viajar por estos pagos: estar provisto de varias botellas de agua mineral. Es un pueblo muy pequeño pero con mucho tráfico donde se puede observar la cotidiana actividad de sus pobladores. Gente que se sube a un autobús repleto y donde se puede viajar en el techo del mismo; camiones decorados al estilo del país, llenos de color y muy llamativos; o también la vida de una niña de corta edad, que ya es responsable de cuidar y transportar a su pequeño hermano.

La niña con su hermano a cuestas fué una imagen a captar, pero todavía me gustó más el conjunto de mi compañero de viaje haciendo la fotos de los dos pequeños. Finalmente me produce tristeza pensar sobre lo que hay detrás de esta visión de la niña de triste cara.

Si los autobuses están abarrotados, opción segundo piso

Si los autobuses están abarrotados, opción segundo piso

Extra coloridos y ornamentados camiones

Extra coloridos y ornamentados camiones

Camión pasando por las omnipresentes banderas de oración

Camión pasando por las omnipresentes banderas de oración

Una foto irresistible: Niña de corta edad portando a su hermano

Una foto irresistible para Doug: Niña de corta edad portando a su hermano. Irresistible para mi, el conjunto.

Durante algunos kilómetros de la ampulosamente llamada Autopista Leh-Manali, el firme está asfaltado, lo cual es todo un lujo. Pero las alegrías duran poco y como mucho somos capaces de recorrer unos 10 o 15 kilómetros por algún trozo que se pueda denominar carretera. Cuando te estás acostumbrando a la fantástica autopista, sin transición volvemos de nuevo a la pista de tierra y piedras que nos llena los pulmones de polvillo y debido a ese polvillo usamos permanentemente gafas de sol porque los ojos se resecan. Es por esa razón y por la altitud que para los habitantes de Ladakh, unas gafas de sol sean un artículo de primera necesidad.

Disfrutando de las vistas desde el techo del autobús

Disfrutando de las vistas desde el techo del autobús

Nuestra siguiente parada será en un control de pasaportes; los constantes controles de esa zona deseada por Pakistán y China, como comenté en un post anterior.

Ahí mismo, en esa frontera imaginaria está colocado una publicidad del servicio de correos: Correo de la India. Bienvenido a Khalsi. Las cartas traen alegría, escribe una carta hoy. No sé por qué imagino que por esta zona los bancos no tienen mucha actividad. De lo contrario no se atreverían a poner eso de la alegría que traen las cartas. De Hacienda ya no hablamos. Finalmente, alguna ventaja tenían que tener los moradores de esta zona.

Las cartas traen alegría, escribe una carta hoy, reza el cartel

Las cartas traen alegría, escribe una carta hoy, reza el cartel

La vida aquí se toma con otra filosofía. Si hay un atasco en la carretera, la gente saca un hornillo y se pone a calentar comida o se hace un té. También si hay un caño que nos provee de un poco de agua, los trabajadores se paran y aprovechan para lavar el camión, lavar la ropa y de paso hasta se pueden dar una ducha. Practicidad y simplicidad.

Lavando el camión y tomando una ducha al mismo tiempo

Lavando el camión y tomando una ducha al mismo tiempo

Finalmente llegamos a Lamayuru, emplazamiento precioso con una guest house bastante decente. Me dirijo hacia el pueblo, una vez mas subiendo una empinada cuesta, pero en una curva me quedo a la caza de los camiones que pasan para hacer mi colección de fotos. A los conductores les gusta ser fotografiados, así que cuando me ven apostada con la cámara, reducen la velocidad para facilitarme la labor. Uno de ellos, el de la foto, se detiene y en cuanto yo termino de disparar, él me toma una con su móvil. Se reía mucho, ¡ que gracioso !, realmente son simpáticos.

Simpáticos camioneros

Simpáticos camioneros

Tata, es una multinacional india super potente con un negocio muy diversificado. De hecho muchos de los camiones y autobúses en este post son de esa marca.

Camiones y más camiones, siempre personalizados

Camiones y más camiones, siempre personalizados

Para terminar con el tema transportes por hoy, esta imagen de 2 mojes budistas tibetanos en su moto, a su paso por la pintada en la carretera de Bienvenido a Lamayuru.

Monjes motorizados

Monjes motorizados

Llama la atención lo concienciados que están en la región con el reciclaje, la no contaminación, separación de residuos y todo lo concerniente a mantener una conducta no agresiva con el medio ambiente.

Además podría parecer que la higiene personal, al vivir en unos habitáculos que no facilitan practicarla a menudo, no existe, pero es un gran error. Frecuentemente se puede ver en cualquier sitio que haya agua a personas lavándose los dientes, o dándose una ducha, rústica, pero ducha al fin y al cabo. En la foto a continuación, de un hombre lavándose los dientes, hay dos rótulos en hindi y en inglés de: mantenga límpia el área.

Lavando los dientes por la mañana

Lavando los dientes por la mañana

Esta enternecedora foto es de un cariñoso padre llevando en brazos a su pequeño hijo descalzo. Detrás de ellos, banderas de oración que nos acompañarán permanentemente donde quiera que vayamos mientras no salgamos de esta región.

Padre portando a su hijo

Padre portando a su hijo

Rodillos de oración de camino al Monasterio de Lamayuru. Detrás vuelven a estar las montañas y nuevamente las banderas de oración.

Rodillos de oración a la entrada de un monasterio

Rodillos de oración a la entrada del Monasterio de Lamayuru

Para finalizar esta serie de imágenes para el recuerdo de una nueva jornada en Ladakh, dos niños de la escuela del monasterio, juegan con un rodillo de oración grande. Como se ha podido observar hay rodillos de oración de muchos tamaños, incluso pequeños, que la gente lleva con ellos a donde quiera que vayan. Solamente añadir, que como en todos los países del mundo, los niños pueden jugar con cualquier cosa que tengan a mano.

Jugando con un rodillo de oración

Jugando con un rodillo de oración

Durante este recorrido por alguna de las imágenes que pasaron por delante de mis ojos y también de mi cámara durante estas 24 horas, he querido mostrar las diferentes sensaciones qué se pueden tener en un día de ruta a través de las inhóspitas pero al mismo tiempo fascinantes tierras de este Pequeño Tibet. El único hilo conductor del día de hoy han sido las imágenes y las sensaciones que producen las mismas. Cada cual tendrá una interpretación o sensación diferente de las mismas, pero espero que la senda haya sido interesante o al menos, entretenida.

 

Continuará en: Pequeño Tibet V

Entradas de esta serie:

Ladakh, Pequeño Tibet. Nueva Delhi

4.000 metros de Altitud. Leh

Festival Budista Tibetano

 

Texto y Fotos: Luisa Vázquez

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Festival Budista Tibetano. Pequeño Tibet III

Monasterio de Phayang

Monasterio de Phayang

Un nuevo día amanece y temprano salida hacia el Monasterio de Phayang. El nombre del monasterio significa Montaña Azul, y dicha montaña está situada detrás del monasterio. (Este es el 3er post sobre Ladakh, Pequeño Tibet. Anteriormente Nueva Delhi 1 y Leh, Pequeño Tibet 2.)

Se dice que en el siglo XVI un Lama Gelugpa permaneció en el área acampado para contemplar la belleza del lugar. Mientras meditaba, vio a la protectora de Achi montada en su caballo azul. Pensó que la visión era un auspicio y decidió construir el monasterio en lo alto de la colina.

El monasterio es conocido por sus antiguos muros pintados y colecciones de thangkas. Está habitado por 100 monjes y también alberga una escuela para impartir enseñanzas del budismo así como educación moderna.

Es famoso el festival de Phyang por sus danzas, música y baile con máscaras.

Normalmente hay que subir para llegar a los monasterios y yo físicamente sigo bastante mal, como relaté en mi anterior post .Las subidas las llevo fatal.

A la llegada al recinto destinado al festival nada parece que vaya a suceder, es más no hay ni público, que irá apareciendo lentamente más tarde. Es perfecta esta ausencia de gente porque se puede ir viendo todos los pasos del procedimiento sin tanta  gente como se unirá posteriormente al evento. No es muchísima, pero tampoco el recinto es demasiado grande, así que más tarde será un poco incómodo.

Van apareciendo los monjes que serán los que marcarán, con el sonido de una especie de tambor que se coloca en posición vertical,  las diferentes fases del festival.

Iniciando el festival budista tibetano

Iniciando el festival budista tibetano

Destaca la desgastada vestimenta del monje situado en el centro

Destaca la desgastada vestimenta del monje situado en el centro

Aparentemente es una ceremonia informal, aunque seguramente sea formal para ellos. A pesar de usar una indumentaria más rica que la ordinaria, no parece que haya demasiado protocolo y los monjes sonríen, mas tarde se ríen con los niños que juegan en el recinto, se distraen y parecen disfrutar con todo lo que sucede alrededor. Los responsables que presiden el evento, emiten un mensaje corporal de tranquilidad. Se podría calificar como casual, próximo, humano.

Se comienza  desplegando un tapiz gigante. El tapiz viene transportado por bastantes hombres y obviamente es muy pesado. Lo desenrollan con mucha habilidad, lo extienden y suben. Es espectacular. Mide 4 pisos de altura. En él está representado buda que preside todo el festival.

Inmenso tapiz que se despliega para el festival.

Inmenso tapiz que se despliega para el festival.

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Se da inicio al festival

Posteriormente salen los pequeños que estudian en la escuela alojada en el monasterio con una especie de grandes trompetas que son las que anuncian el inicio del festival.

Apertura del festival

Apertura del festival

Los instrumentos musicales están decorados con coral

Los instrumentos musicales están decorados con coral

A continuación del ceremonial de tambores y trompetas, además una especie de desfile de los niños del monasterio (en las fotos) comienza lo que serán las propias danzas.

El vestuario es rico en su colorido y diseño como asimismo las máscaras que se utilizan para completar la representación. Todo obedece a un orden y significado que realmente no podría explicar más allá de la eterna lucha entre el bien y el mal, los demonios y las divinidades. Los movimientos, las máscaras, vestimentas, los zapatos son extraordinarios. Un espectáculo al que merece la pena asistir.

Festival en Phayang

Festival en Phayang

Festival en Phayang

Festival en Phayang

Festival en Phayang

Festival en Phayang

Festival en Phayang

Festival en Phayang

 Monjes danzando en el festival en Phayang

Monjes danzando en el festival en Phayang

Monjes danzando en el festival de Phayang

Monjes danzando en el festival de Phayang

Festival en Phayang

Festival en Phayang

Hasta aquí una serie de imágenes que fueron tomadas en las diversas fases en las que se desarrolla las distintas danzas del festival que dura horas y que son más ilustrativas que cualquier explicación.

Festival en Phayang

Festival en Phayang

Las mujeres visten sus mejores galas y joyas para la ocasión

Las mujeres visten sus mejores galas y joyas para la ocasión

Bastantes mujeres visten ataviadas para la ocasión con sus mejores joyas y vestuario. Los sombreros son los típicos de la zona. Los hombres mayoritariamente portan rodillos de oración.

Antes, mientras y después del festival propiamente dicho, los fieles pasan a rendir culto en las dependencias del monasterio.

Subiendo a orar en Monasterio Phayang

Subiendo a orar en Monasterio Phayang

Fieles en el Monasterio de Phayang

Fieles en el Monasterio de Phayang

Hay que descalzarse antes de subir

Hay que descalzarse antes de subir

Salimos del festival pasando por el monasterio propiamente dicho, subiendo por sus empinadas escaleras hasta donde están las pequeñas estancias frecuentemente bastante oscuras, iluminadas por velas o aceite y a donde suben los devotos despues del festival.

Al abandonar Phayang después de la espectacular representación, la sensación es un poco triste ya que todo allí ha sido extraordinario, además de la extraña mezcla entre presente y pasado que lo hace más interesante.

Finalizamos el día pernoctando en un campamento permanente, aunque no era ese el plan previsto.

Esta acampada será difícil de olvidar y lamentablemente no tengo fotos porque yo seguía encontrándome fatal. Un dolor bestial de cabeza como en mi vida, a pesar de tomar Dolocatiles a gogó. Recuerdo que sólo quería que me teletransportaran a mi casa. Si con un chasquido de dedos hubiese podido volver, allí habría terminado la ruta; así de mal me encontraba.

El campamento permanente se trataba de unas tiendas de campaña tipo las del ejército, con dos estrechas camas de cemento y como detalle de decoración el cabecero era una semicircunferencia también de cemento. Así que entre la estrecha base de cemento y el cabecero semicircular, parecía que estabas durmiendo en tu propia tumba. Fue impresionante.

Aún recuerdo a Héctor, un inglés de origen hongkonés, matándose de la risa mientras iba recorriendo todo el campamento y diciendo: es la primera vez en mi vida que veo una cama de cemento.

Aún no se si es que ya no podía empeorar o que coincidió pero al día siguiente, al menos el dolor de cabeza había remitido y todo volvió poco a poco a la normalidad. Afortunadamente, la vuelta inmediata a casa había sido imposible y podía continuar el viaje.

Al mismo tiempo que yo mejoré, comenzaron a caer uno a uno el resto del grupo. No hubo nadie que en algún momento no se encontrase entre mal y fatal. Esto de la altitud tiene su tela y era mi primera experiencia en los 4.000, aunque, a pesar de todo, espero que no sea la última.

Valle regado por el rio Indo visto desde el Monasterio de Phayang

Valle regado por el rio Indo visto desde el Monasterio de Phayang

En resumen, un día espectacular en cuanto a la visita al enorme monasterio, el fantástico escenario natural, con su franja verde en los terrenos colindantes al rio Indo y a partir de ahí la magnífica cadena montañosa que envuelve el lugar, incluyendo la montaña azul. Acerca del festival, una estética colorista con unos trajes muy llamativos, donde las máscaras son parte importante de todo el conjunto, así como el calzado que es singular. La atmósfera es tranquila, relajada, devota. Destaca el profundo interés con el que los locales siguen el festival. Creencias y diversión se unen en esta parte de la tierra.

Continuación del viaje en:    Imágenes para el recuerdo. Pequeño Tibet 4

 

Entradas anteriores de esta serie:

Ladakh, Pequeño Tibet. Nueva Delhi

2  4.000 metros de Altitud. Leh

 

Texto y Fotos: Luisa Vázquez

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