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Escapando de la Navidad, o no.

Seguro que, a alguno de vosotros, mis queridos lectores, en algún momento se os ha ocurrido la idea de que no os apetecen nada estas fechas en la que todo se vuelve una gincana de cenas o comidas con diversos grupos de amigos/trabajo/conocidos/y o varios, cenas y comidas con la familia bien/regular/mal avenida, además de los consabidos regalos a todo lo que se menea. Aunque bastantes de las celebraciones son divertidas y se pasa muy bien, entre medias hay otras que apetecen bastante poco.

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Tengo amigos que, desde hace muchísimos años, cuando yo no conocía a nadie que escapase de la Navidad, se iban de viaje siempre. No lo entendía hasta que lo comprendí. Es el día que se te cae la venda de los ojos y piensas ¡que listos!!!. Jaja.

Me encanta la gente inteligente y con imaginación, así que mi familia favorita para este tipo de eventos son unos amigos que el día de Nochebuena se preparan “cada uno lo que le gusta”. No hay menú. A él le encanta el salmón salvaje y eso se prepara, el niño tiene menú de chuches, es lo que escoge y por un día no pasa nada y a ella, no recuerdo su especialidad favorita, pero seguro que algo apetecible y sabroso. Me pareció muy simpático y práctico a la vez. Además, fuera de cualquier controversia acerca de ese tópico.

La Navidad con niños pequeños es divertida, hay que reconocerlo, pero si no es tu caso, ¿¿¿?? Hoy comparto con vosotros diferentes tipos y lugares para pasar unas Navidades diferentes, algunas muy tradicionales, otras para nada tradicionales.

Mi opción, siempre que puedo es navidear sin Navidad. Y la verdad, es super chulo. Pongo tierra o mar por medio y si es a algún sitio donde no se celebre, mejor que mejor, pasan a ser días normales de viaje con un regustillo sabroso que por dentro me dice: que guay me encuentro !!!

Vamos allá:

Navidad en Limasol (Chipre)

Limasol es la segunda ciudad más extensa de Chipre, tiene un bonito paseo marítimo y se agradece pasar una Navidad al sol, sol agradable y que no te taladra.

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Es una ciudad muy tranquila para pasear y visitar

Hay una breve concesión a la Navidad que se resuelve con unas cuantas guirnaldas con un Papá Noel y pare usted de contar.

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Las mesas en las terrazas, en caso de que quieras comer al sol, tienen un pequeño adorno navideño con sorpresa. Francamente, agradable, sin concesiones a los extranjerismos y lejos de las fastas celebraciones.

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Francamente tranquila, con mucho terraceo, el tiempo invita a ello.

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Navidad en Roma (Italia)

Me pareció chocante la poca iluminación navideña que existe en Roma, francamente esperaba más exceso, sin embargo si se nota mucho el trasiego de compras navideñas.

Acostumbrados como estamos a grandes iluminaciones, me extrañó.  Si exceptuamos Via Condoti, Plaza de España y un poco Via Corso, o sea la creme de la creme de las calles romanas,  las únicas iluminaciones potentes eran las de edificios como el de la famosa firma Fendi y marcas similares, pero pare usted de contar.

Via Condoti vista desde lo alto de las escaleras de la Plaza de España.

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El edificio que alberga la firma de lujo cambiaba de color desde el amarillo, rojo, azul, verde…………

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Piazza Navona lucía un precioso Tiovivo y también había una escasa oferta de compras navideñas entre las que destacaban globos, aunque no sean especialmente navideños los niños siempre los demandan.

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Muy cerca de Via Condoti, un restaurante iluminaba discretamente su terraza, aunque el frío era intenso, unos 2º y para nada invitaba a quedarse tomando nada al relente.

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En Piazza Venecia un austero árbol de navidad.

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No obstante, y en contra de cualquier previsión, el Vaticano lucía un árbol de Navidad. Espera que no entiendo nada, ¿el Vaticano se ha pasado a Papá Noel ? Flipando.

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Navidad en Alanya (Turquía)

Alanya es una ciudad balnearia de la costa mediterránea de Turquía. Se le conoce también como la Riviera turca. Tiene unas playas inmensamente largas, bordeadas de hoteles.

El precioso castillo de Alanya, un fuerte gigante de la época selyúcida transformado en un museo al aire libre, se ubica en un risco rocoso sobre la línea de playa, junto a villas otomanas con tejados rojos y la Torre Roja octagonal. Data de 1226.

El castillo es una belleza y está bien conservado.

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Comencé mi día subiendo a pie al castillo, que tiene una tirada, que que escogí el camino más largo pero que tiene recompensa ya que en cada recodo ofrece unas vistas impresionantes sobre el puerto y finalmente sobre una playa realmente larguísima.

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Las villas otomanas a las que antes me refería.

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Vistas preciosas sobre toda la costa y finalmente la larguísima playa.

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Es una época genial para visitar Alanya ya que en verano se peta de turistas, especialmente del tipo botellón gigante contra lo que los turcos están luchando no sé si con mucho éxito. Los videos en Youtube sobre las discotecas allí te darán una idea del tema.

Casi llegando a la cumbre del risco, hay un restaurante que se llama Alaturka, así en perfecto castellano y todo junto, donde se puede degustar alguna delicia turca antes de volver a bajar del privilegiado escenario; esta vez, si, por el camino corto, o sea, la carretera por donde acceden los coches.

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Si escoges finalizar el día en una terraza en el puerto, posiblemente podrás asistir a una puesta de sol fantástica sobre las murallas del castillo, mientras los barquitos ponen rumbo a puerto, unos cargados de turistas, otros cargados de pescado.

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Contemplando como atardece desde una terraza estratégica en el puerto.

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Esta Navidad fue especialmente ausente de sabor de esas fechas ya que en ningún momento me pareció día 24 ni 25 de diciembre.

Sin lugar a dudas fue una de mis Navidades favoritas por varias razones, el ignorar la fecha y por otro lado el bellezón de lugar en el que me encontraba.

Navidad en Oporto (Portugal)

Si lo que vas buscando es viajar en época navideña sin renunciar a la calidez de los momentos de la más tradicional Navidad, ésta es tu ciudad.

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Estas fechas en el vecino país son familiares, acogedoras y muy tradicionales. La ciudad tiene una iluminación sin excesos,  pero se respira el espíritu de las fechas en todos los sitios y las calles estan muy animadas.

La Rua Santa Catarina, peatonal y llena de comercios es un lugar imprescindible para visitar y pasear.

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Se sigue la tradición incluido poner Nacimientos (Presepios en portugués) y hay un mercadillo en el que se venden muchas y diferentes piezas para adornar los presepios, desde los muy tradicionales a los muy modernos.

Se continúa con la tradición de comer bacalao en esas fechas y es realmente bonito ver cómo los antiguos ultramarinos, los de toda la vida, tienen esos días una especial animación. Encontré Oporto muy entrañable en esos días.

Hoja de bacalao con envoltorio propio de estas fechas. ¿A que es simpático el detalle?

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Si te gusta seguir las tradiciones y una celebración de las de  “toda la vida” no deberías perder la ocasión de vivir estas fiestas en Oporto.

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Estas 4 ciudades son algunas de mis escapadas navideñas que comparto con vosotros, pero tengo otras curiosas que dejamos para otro momento navideño o no.

Aprovechando este post os deseo a todos,

MUY FELICES FIESTAS, QUE OS SEAN MUY GRATAS Y SI ES POSIBLE, MUY DIVERTIDAS TAMBIÉN; YA POR PEDIR, EN BUENA COMPAÑÍA QUE ES IMPORTANTE.  

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Para finalizar: ¿Cómo te gusta la Navidad a ti?

 

 

Texto y Fotos: Luisa Vázquez

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Ladakh, pequeño Tibet, los Porteadores de Piedra

Ladakh, denominado también pequeño Tibet, es una zona que merece la pena explorar a pesar de los inconvenientes de altitud, extremo control de carreteras por estar situado en una zona entre Pakistán y China, zona caliente reclamada por Pakistán; nula comunicación vía móvil, electricidad solo a partir de las 20 horas, además de pernoctaciones en campamentos. No obstante, y a pesar de todo lo que acabo de enumerar, cuando lo conoces deseas volver.

Valle de Basgo, Patrimonio de la Humanidad, desde aquí hasta la cima donde se encuentra el monasterio, es un larguísimo y ascendente camino.

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Ladakh, pequeño Tibet

Viajando por esas remotas carreteras, cordillera del Himalaya, donde la altitud, entre 3.500 y 5.600 metros hace que caminar sea extenuante, ya no digamos subir pendientes, y donde la realización de cosas habituales se hace mucho más lenta y fatigante de lo normal, observar a los porteadores de piedra, me resultó sorprendente.

En el solitario emplazamiento de Basgo, en lo alto de una montaña se encuentra el monasterio que lleva el mismo nombre. Fue uno de los varios sitios en los que asistí perpleja a la labor de los porteadores de piedra.

Situación del monasterio tibetano de Basgo

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Ladakh, pequeño Tibet

La subida al monasterio bajo un sol aplastante, hace que busques una sombra ávidamente, pero escasamente hay.

Al mismo tiempo que yo, subía un porteador, sin prisa pero sin pausa, con un ritmo fruto de la mucha experiencia haciendo ese trabajo, ritmo que me era difícil seguir, ya que yo necesitaba hacer paradas.

La región es muy árida. Impresionantes cañones, incesantes vientos que portan arenilla permanentemente, únicamente se salva de la sequía extrema el valle, razón por la que es lo único que está escasamente habitado. Sin embargo el monasterio se haya situado en una cima montañosa. Es un contraste impactante.

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El valle es hermosísimo y en cuanto te alejas un poco, la montaña emerge para protegerlo.

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Debido al viento que comentaba antes,  la gente suele ir bastante tapada, con pañuelos cubriendo la cabeza y cara; lo más frecuente es que las mujeres usen pantalones, así que a veces resulta un poco difícil distinguir el sexo de las personas. Mi porteador, era porteadora.

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Ladakh, pequeño Tibet

Al regreso del monasterio, bajando, veo un grupo de personas juntas y me doy cuenta de que la mujer que subía las piedras, forma parte de una familia compuesta de padre, madre y dos hijos, niña y niño y también están con otra mujer que parece estar embarazada pero que no sé si hay relación de parentesco; todos ellos realizan el mismo duro trabajo, a pesar de que los niños, sin duda, no llegan a la adolescencia. No sé cuánto pesan las piedras, una barbaridad de kilos, lo que si se es que un compañero de viaje quiso levantar una sola y no lo logró. Ellos acarrean varias al mismo tiempo en esos artilugios de madera que llevan a la espalda y que sujetan con unas cintas.

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Les hago unas fotos, aunque me resulta violento esta especie de asalto a la vida de la gente. En estas personas, hay una absoluta falta de expresión en sus rostros. No son posados, aunque podrían parecerlo por su pasividad al ser fotografiados . Me corto ante su inexpresividad, su ausencia de consentimiento o rechazo.

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Ladakh, pequeño Tibet

Quizá sea su extremo cansancio, quizá su sorpresa, porque por allí pasa tan poca gente que quien sabe cuál es su percepción de los rostros occidentales portando cámaras que pocas veces habrán visto. Tímidamente entablo un intercambio de frases con ellos, aunque se interpone como barrera el idioma.  Logro saber que son nepalíes y no imagino que tipo de vida tendrían en Nepal para trasladarse a otra vida que difícilmente deja camino a la imaginación para algo más duro.

Me está matando la incomodidad ante su falta de expresión, una especie de desinterés por lo que no sea seguir cargando la piedra. Quizá su eminente prioridad sea terminar su trabajo aquel día para poder acceder a un básico alimento de supervivencia.

Remarcable el tamaño de las piedras.

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Ladakh, pequeño Tibet

Mi compañero de viaje, el incapaz de ni siquiera mover una de las piedras, regresa del monasterio en ese momento y me sugiere hacerles una foto con su IPhone y mostrarles unos emojis . La idea me parece buena, aunque me aterra un poco la reacción de ellos. Les hace una foto y con sus caras, les muestra unos ojos locos saliendo de sus órbitas. Después de unos instantes de perplejidad, como si no se creyesen lo que están viendo, comienzan el período de expresar su asombro, únicamente con su rostro. Se asombran mucho para finalizar sonriendo.  Finalmente aparece una señal de pequeña diversión en sus vidas mientras no puedo parar de preguntarme hasta qué punto puede ser dura y difícil.

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Ladakh, pequeño Tibet

Ver sus caras con una sonrisa, por leve que fuese, e interactuar con ellos a través de las pantallas de nuestras cámaras enseñándoles las fotos que les habíamos tomado, fue emocionante. Revisar sus caras en la pantalla LCD de la cámara les produjo mucho interés, aunque seguían serios; ver sus caras con aquellos ojos saliéndose de sus órbitas, hizo que sonrieran y parecían divertidos, me encantaría conocer sus pensamientos y sentimientos.

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Ladakh, pequeño Tibet

Puede parecer estúpido pero esa tarde, después de verlos asombrados, intrigados y sonrientes, al abandonar el lugar pensé lo maravilloso que es aportar una sonrisa, un momento de felicidad fugaz a cualquier gente, pero más a la tan desfavorecida en el injusto reparto de vidas. Imagino que en más de una ocasión comentarían aquel día que se salió de su cotidiana rutina.

Cuando reviso fotos y miro las primeras fotos que tomé de sus caras ausentes de expresión, no puedo evitar que algo se me remueva por dentro.

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Ladakh, pequeño Tibet

Éste fue el momento de mayor interés y diversión para ellos.

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Ladakh, pequeño Tibet

 

Este fue mi tercer viaje a India y creí que estaba vacunada contra cualquier cosa que pudiese ver, pero creo que no hay vacuna que elimine la empatía, la que es culpable de que me ponga en el lugar de los demás. Es sabido que India no es para todos, India no deja indiferente, India es fascinante si consigues llegar a comprenderla, aunque momentos de estos son inevitables y siempre te remueven.

Sea como fuere, en ese viaje vi tantos y tantos porteadoras y porteadores de piedra, en las carreteras, en los monasterios, en los pueblos, que solo con verlos y ver su lugar de trabajo, es fácil imaginar cómo son sus vidas, y son espinas que se te van quedando en el alma.

Sea como fuere, nuevamente, soy consciente de que hay muchas, muchísimas vidas en muy duras condiciones, tanto en ese país como en muchos otros, pero especialmente estas personas, me han producido un efecto tremendamente desgarrador.

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En mi vida cotidiana me gustan las anécdotas divertidas, alegres y que la gente disfrute y que pase un rato estupendo conmigo, pero en este momento esto es lo que me sale de dentro. Quizá necesitaba canalizar este sabor a realidad dura en alguna parte y lo he canalizado aquí, en el blog.  Es sabido que en el viaje de la vida hay momentos de todos los tipos, este es un momento reflexivo y de introversión que deseaba compartir con todos vosotros.

Para finalizar, si habéis llegado hasta aquí,  gracias por leerme.

 

Más entradas sobre Ladakh, pequeño Tibet :

1.- Ladakh, pequeño Tibet I. Llegada a Delhi

2.- 4.000 metros altitud. Leh, Pequeño Tibet II

3.- Colorido Festival Tibetano. Pequeño Tibet III

4- Imágenes para el recuerdo.Pequeño Tibet IV

5.- Un atentado nos sorprende en Lamayuru. Pequeño Tibet V

 

Texto y Fotos: Luisa Vázquez

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UN VIEJO AMOR

Un viejo amor ni se olvida ni se deja, un viejo amor de nuestra alma si se aleja, pero nunca dice adiós, dice la canción.

Estos son los sentimientos que me provocaba volver a Lanzarote después de muchos, muchos años desde mi primera visita. Me había fascinado aquella vez, el paisaje volcánico, tan diferente a lo que vivo cada día en mi Galicia tan verde.

Pasado el tiempo tenía curiosidad sobre si seguiría sintiendo lo mismo y no sabía si la impresión sería igual, mejor, peor…………..

Después de un verano de trabajo agotador y de bastantes problemas que finalmente se fueron solventaron después de mucho estrés, decidí que debería descansar una semana. Por otra parte, hacía más de un año que tenía un come, come con Lanzarote.

No sabía cual sería la impresión ni si los recuerdos del pasado me nublarían las percepciones del presente, que afortunadamente no interfirieron en mis sensaciones de presente.

Efectivamente hay una transformación importante en positivo.  En la transformación y enriquecimiento de lo que ya había tiene mucho que ver el lanzaroteño César Manrique quien habiendo cursado dos años de arquitectura técnica, la abandona para ingresar en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando (Madrid), donde se graduó como profesor de arte y pintura.

Después de una temporada en Nueva York, se instala definitivamente en su tierra natal, donde acomete obras de gran relevancia por su originalidad, practicidad y belleza mimetizada con el entorno.

Esta isla es el escenario de la más espectacular formación de volcanes históricos en las islas Canarias. Las erupciones de Timanfaya, que fueron entre 1730 y 1736, son las responsables del aspecto de gran parte de la isla conejera (como también se denomina a Lanzarote). Posteriormente entrarían en erupción tres nuevos volcanes, el de Tao, el Nuevo del Fuero y el volcán Tinguatón.

El paisaje es lunar y ejerce un fuerte atractivo visual para quien lo contempla. Los jardines son de cactáceas y palmerales sobre una capa de basalto molido que hace un evidente contraste con el verde de la escasa vegetación.

Para mi, a mis 20 y pocos años, un jardín era un espacio con hierba y plantas, pero no es así en Lanzarote donde el escaso verde emerge de una muy bien cuidada superficie negra, que como ya indiqué más arriba, que te hipnotiza si o si.

Pensaba descansar en Lanzarote, como ya dije, pero después del primer día, que me lo tomé con cierta tranquilidad, mi cabeza en ebullición no paró de planificar visitas aquí y alla para aquella semana. Mil sitios para visitar y no demasiado tiempo. Por otro lado, la amiga que venía conmigo no había estado antes, por lo que me sentía en la obligación de que lo viese todo. ¿Todo y con un mínimo de calma y disfrute de lo que ves? Pues imposible, así que hice lo que pude.

Me encantó volver a los Jameos del Agua, espacio espectacular y multidisciplinar. Es el primer Centro de Arte, Cultura y Turismo creado por Manrique, armonía entre la naturaleza y creación artística. Se transformó lo que era el desplome del techo de un tubo volcánico por el que corrió la lava, en un espacio único en el mundo y además multidisciplinar. Además de cafeterías, restaurante, pistas de baile para eventos nocturnos, tiene una sala de conciertos impresionante por su arquitectura y acústica.

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Logo que hace referencia a los cangrejos albinos que habitan el lago de los Jameos

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Jameos del Agua, un gran tubo volcánico donde se aloja un espacio multidisciplinar

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Laguna de los Jameos del Agua, cuya parte posterior se refleja en el agua

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Jameos del Agua, diferentes niveles para diferentes ambientes

Siguiente punto: El Mirador de Río, un punto de observación privilegiado en el acantilado con una vista espectacular sobre la isla Graciosa, a la que se puede pasar en barco desde el puerto de Órzola. La Graciosa no tiene carreteras, pero sí pistas, y unas fantásticas playas de arena dorada.

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Lámpara en el Mirador del Río, diseñada por César Manrique

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Vistas de la isla La Graciosa desde el Mirador del Río

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Vistas de otra parte de La Graciosa, donde no existen carreteras e impera la tranquilidad

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Mirador del Río, detalles decorativos sencillos y de gran gusto

Precioso, El Jardín de Cactus, que se construyó en una antigua cantera, con una disposición oval en la que se aprovechan los desniveles para una mejor exposición de las cactáceas en terrazas, que lo hace atractivo, interactivo y muy interesante. ¡ Y lo digo yo, que nunca tuve interés en los cactus.! Ese es el resultado de los trabajos bien imaginados, pensados, con el alma y el buen gusto puesto en ellos.

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Jardín de Cactus. Cactus en flor

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Jardín de Cactus, dispuesto en terrazas

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Jardín de Cactus donde se pueden apreciar algunos de tamaño muy grande

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Higo picón, que le llaman en Canarias. En la Península higo chumbo. Jardín de Cactus

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Jardín de Cactus. Detalle de una chumbera

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Jardín de Cactus con enormes ejemplares

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Lámpara diseñada por César Manrique en la cafetería del Jardín

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Antiguo molino y vista del entoldado de la cafetería-restaurante del Jardín de Cactus

Muy cerca de los puntos anteriores, La Cueva de los Verdes, un proyecto del artista majorero (de Fuerteventura) Jesús Soto, quien se convertiría en estrecho colaborador de Manrique. Se trata de la formación de una cueva a raíz de la actividad eruptiva del Volcán de la Corona, que se puede recorrer y que esconde varias sorpresas en las entrañas de Lanzarote. También contiene una sala de concierto por su  buena acústica.

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Cueva de los Verdes, a veces hay que caminar agachados para visitarla

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Cueva de los Verdes y su lago

Comer en una terraza en Arrieta, me trajo buenos recuerdos, mientras contemplaba el malecón donde solíamos bañarnos, hoy ampliado y mejorado.

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Vistas de las montañas con sus blancas casitas desde Arrieta

En el centro de la isla, Lagomar, una excéntrica casa excavada en las paredes de un acantilado, con recovecos mil, como si se tratara de un laberinto, es asombrosa, al mismo tiempo que invivible con tanto sube y baja de escaleras para ir a las habitaciones, salón, etc.

Este lugar tiene su historia: la compró Omar Sharif, actor egipcio de ascendencia siria, que algunos recordaréis ya que protagonizó películas excepcionales. Estuvo nominado a un Premio Oscar y ganó 3 Globos de Oro.

Además de gran actor, era un gran aficionado al bridge (juego de cartas), tanto es así que anteponía los campeonatos de bridge a los rodajes, escogiendo las fechas para sus rodajes cuando no había campeonatos. La anécdota de la casa Lagomar es que el actor la perdió en una noche de bridge, la noche del mismo día que la había comprado. Lo que él no sabía cuándo se la jugó es que su oponente era el campeón mundial de bridge.

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Lagomar, una casa espectacular llena de intrincados recovecos

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Lagomar y sus diferentes niveles, una casa excepcional

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Lagomar, un sinfin de perspectivas

Subir al Timanfaya es obligatorio, algo ineludible, es ir al centro de lo que originó todo lo que ahora es el asombroso paisaje conejero. Además de visitar los cráteres y las caprichosas formas que la lava fue dejando sobre el terreno, verás cómo a ras de suelo, las temperaturas pueden rondar los 100 grados centígrados mientras que a 13 metros de profundidad, el calor supera los 600 grados.

Hay demostraciones, por parte de personal cualificado, en las que metiendo matorrales en agujeros bastante superficiales en la tierra, arden instantáneamente; también provocan geiseres de vapor al echar agua en unas tuberías que se introducen en la montaña. El Restaurante del Diablo, situado en la zona de los geiseres, utiliza el calor que emerge de las profundidades de la tierra para cocinar. Es bastante impresionante y poco habitual ¿verdad?.

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Uno de los cráteres que originaron el asombroso paisaje conejero

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Se puede cocinar, en este caso asar pollo, con el calor que desprende la tierra

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A muy pocos metros de la superficie se origina un incendio con un matorral

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Espectacular ver cómo un balde de agua produce vapor de agua al instante

Me pareció un imprescindible, visitar la casa de José Saramago, Premio Nobel de Literatura. Si, José Saramago fue otro enamorado de la isla. Aunque mantenía en Lisboa su otra casa y Fundación, ya que era portugués casado con la española Pilar del Río, vivía alternando temporadas del año en Tías. Allí a día de hoy, se puede visitar la que fue su casa y donde mantiene una parte importante de su impresionante biblioteca, que ahora es parte de la Fundación. Fue su lugar de fallecimiento en el año 2010.

No nos equivocamos con la visita. Las personas que trabajan en la Fundación, son amabilísimas y tienen ángel; una forma de explicar y mostrar, compartir lo que fue la vida del Premio Nobel y su forma de vivir, de una manera que enternece y conmueve, ya que el escritor era así. Precisamente el premio le fue otorgado según destacó la Academia sueca por:  su capacidad para «volver comprensible una realidad huidiza, con parábolas sostenidas por la imaginación, la compasión y la ironía».

Realmente, cuando sales de allí tienes una sensación de relax, sosiego, de haber entrado en un mundo nada banal, en una realidad de la gente intrínsecamente buena y perfectamente conocedora de una realidad que con frecuencia no nos gusta.

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Casa Saramago. Una pequeña parte de la inmensa biblioteca que está en Lanzarote

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Samarago: Lanzarote no es mi tierra, pero es tierra mía. Preciosa frase del Premio Nobel

Seguí mi recorrido-recuerdo visitando el Charco de los Clicos, una laguna verde. Su tonalidad verdosa es debido a un tipo de alga, además del azufre que contienen sus aguas. Contrasta el color con el negro del basalto de la playa y el mar azul, lo cual hace de la pequeña laguna algo espectacular.

Está situada en el Parque Natural de los Volcanes, muy cerca del bonito pueblecito El Golfo.

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El charco de los Clicos queda resaltado por la tierra negra y las olas del Atlántico

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El Golfo, un pequeño pueblo con mucho encanto

Todo esto, algunas cosillas que me dejo por ahí para no estirar más el post, además largos paseos por el Paseo Marítimo de Playa Blanca y de su puerto deportivo Marina Rubicón muy agradable, hicieron de mi vuelta a Lanzarote un refuerzo de un recuerdo muy agradable. Sus casitas blancas, su tierra negra o roja, sus viñedos protegidos del viento con las rocas ígneas, verde y negro, confiere al lugar armonía y una elevación de lo bueno a mejor sin romper una estética que conforma la esencia del alma lanzaroteña.

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La Geria, con sus viñedos protegidos con piedra de basalto del constante viento isleño

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El queso de cabra a la plancha con mojo picón, es una de las especialidades gastronómicas

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Marco Montesinos, un artista del equilibrio inestable en piedra

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El puerto deportivo Marina Rubicon, además de ser un bonito paseo, es un espectáculo de yates

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Playa Blanca y Marina Rubicón, un paseo agradable donde a cada paso hay una oferta gastronómica

Si me preguntáis por la playa, la pisé un día ¡que no me iba a venir sin pisar la arena dorada y bañarme en el Atlántico pero más abajo!. Eso más dos ratos de piscina en el hotel fue todo lo que dediqué al descanso. Consecuentemente, no volví nada descansada, volví matada pero mereció la pena. No podía parar de ver lo máximo posible de la pequeña isla atlántica, que con el paso del tiempo puedo decir que me sigue enamorando. Es lo que tienen los Viejos Amores, que Nunca Dicen Adiós.

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Un adios a Lanzarote cuando se pone el sol

 

Para finalizar, tengo pendientes post sobre eventos divertidos y lugares con mucho encanto, en Galicia, objeto de este blog que a veces se desvía hacia otros lugares. Ya sabéis que en su mayoría los posts van sobre eso, pero en este momento y para ir calentando motores, quería compartir con vosotros Mi Viejo Amor, mientras vuelvo a centrarme en mi verde esquina favorita, la que está bañada por el Atlántico y el Cantábrico.

 

Texto y Fotos: Luisa Vázquez

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Cuando la Navidad no tiene fecha fija

Todo fue casual, en un vuelo entre el Cairo y Bombay, actualmente denominada Mumbai. Hablamos media docena de frases corteses en el transfer entre el hotel y el aeropuerto. Otro cambio de impresiones en una escala técnica en algún aeropuerto a medio camino, muy dormidas ya que el vuelo era nocturno.

Nos quedábamos, una amiga y yo, 15 días en Mumbai, trabajo y turismo en el mismo paquete.

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Primera vez en Mumbai

El destino quiso que la mujer con la que había intercambiado unas cuantas impresiones, como ya relaté, trabajaba casi al lado del hotel donde nos alojábamos, así que terminó invitándonos a cenar. Cena para cuatro, ella y su marido, mi amiga y yo.

La noche que nos recogen en el hotel ella vestía el tradicional sari, estaba espectacular. La imagen no tenía nada que ver con nuestro aspecto cansado y ropa informal y cómoda  del día del vuelo.

El restaurante que habían escogido, más hubiese apostado por verlo en Nueva York que en la capital india. Les gustaba mucho por ser tremendamente divertido. No sólo era la comida, sino la originalidad de la puesta en escena. Los camareros, súbitamente dejaban de servir mesas para hacer una coreografía mientras cantaban; algunas bebidas se servían en unas copas tan altas que debías ponerte en pie para poder beber. Era una mezcla de sensaciones inesperadas y simpáticas. Lo disfrutamos mucho, fue una velada perfecta.

Los indios son indescriptiblemente hospitalarios. Fuimos a tomar un té en su casa para conocer a su hija. Encantadora como su progenitora, muy simpática, guapa y con una vitalidad desbordante.

Así fue como comenzó mi amistad con Villoo, que ha perdurado a través de años. ¿Pueden llegar a conocerse dos personas a través de correos electrónicos?. Diría que si, si ambas son sinceras y honestas.

Poco a poco, fue participando de mis alegrías y penas, luces y sombras. En tiempos difíciles siempre me ha ofrecido su casa y pasar un tiempo con ellos hasta que me recuperase de los reveses de la vida. Nunca fue posible hacerlo, pero lo relevante siempre ha sido su cercanía y disponibilidad para ser un refugio, además de sus acertados consejos.

A pesar de que también he sido partícipe de sus penas, dolores y preocupaciones, siempre he sentido que estaba siendo ayudada, más de lo que yo podía ayudar.

Mi amiga es dulce, amorosa, y tiene la facultad de decir las palabras adecuadas en cada momento. Siento que tiene el don de la sabiduría, una mezcla de inteligencia y corazón difícil de explicar, fácil de sentir.

Hace casi 4 años ya, volví a India por tercera vez para un recorrido por los Himalayas indios, una dura e impresionante experiencia por encima de los 4.000 metros de altitud, en el denominado pequeño Tibet.

Me invitaron a quedarme con ellos en Mumbai al final de mi periplo. Me había dicho: “el tiempo que desees”, con su generosidad habitual; decidí que una semana era lo adecuado.

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Puerta de la India, un lugar imprescindible en la visita de la ciudad

No voy a negar que estaba un tanto inquieta, no sabía cómo iban a desarrollarse aquellos días, aunque, por otro lado, mi conocimiento sobre ella, mi instinto indicaba que todo iría bien.

Cuando llegué a su casa, después de 2 vuelos que ocuparon todo el día, más las 3 semanas previas estaba extenuada. Había comenzado a tomar las pastillas para la malaria, imprescindibles para permanecer en Bombay en época de monzones: lluvia y humedad tórrida. Tan imprescindibles como matadoras, te dejan tumbada.

Villoo había pedido un día libre en su trabajo para acompañarme durante todo el primer día y salir de compras o lo que yo prefiriese hacer. ¡Que desastre! Debido a mi extremo cansancio y las pastillas, aquel día después de ducharme, desayunar e ir las dos a unos almacenes que me traían muy buenos recuerdos de mi anterior estancia, escasamente duré en pie media hora.

Hubo que volver a casa, acostarme y dormir durante 24 horas, del tirón, sin levantarme ni para ir al baño.

Me sentía fatal por no haber podido aprovechar el día libre en su compañía. Ella le restó importancia al asunto, aunque realmente estaban preocupados con una extranjera en su casa durmiendo tantas horas seguidas sin dar señales de vida. ¡No te levantaste ni para comer!, dijeron al día siguiente. Imagino su preocupación, mientras yo recuperaba.

A partir de ahí, nada había sido dejado al azar. Había un plan para cada uno de los días que permanecí con ellos. Conocí su día a día, incluida la compra en un supermercado con la hermana, mientras ella iba a trabajar. Lo disfruté mucho, fue curioso a la vez que gracioso. Pero lo más llamaba mi atención era lo cómoda y bien acogida que me sentía.

Volcados conmigo, me sentía un tanto desbordada y sin posibilidad de invitar a nada ya que estaban previsto todos y cada uno de los días. Imposible relatar tantas sensaciones.

Una noche sus amigos más cercanos venían a cenar a casa. Una guirnalda de flores adornaba la puerta de la entrada y unos dibujos en el suelo que llamaron mucho mi atención, pequeños detalles pero muy agradables.

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Guirnalda de flores en la entrada

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Decoración en el suelo, especialmente hecha para aquel día

Me había preguntado cómo serían los amigos y si tendríamos algo en común para conversar. Muy pronto verifiqué que habría podido conversar con ellos durante muchas cenas. Sus amigos son cálidos, cercanos, divertidos, con conversaciones que me transportaron a mundos desconocidos pero realmente interesantes, en los que me hubiese gustado profundizar. Por otro lado, sobre España sabían casi tanto como yo misma. Una noche entrañable, difícil de olvidar.

Finalizando la velada me percaté de que mi amiga y su marido se acercaron de manera muy cariñosa y se dieron un piquito. Fue un momento, tan natural a la vez que tierno, una imagen que se quedó grabada en mi cerebro. Un matrimonio que habiendo celebrado ya los 50 años de casados, todavía se tienen esa devoción, me conmueve.

Mis días con ellos llegaron a su fin y volví envuelta de una sensación de tranquilidad y  paz, contagiada del ambiente que se respira en aquel entorno.

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Preparados para la velada

Es imposible describir todas las sensaciones de los momentos vividos en aquel hogar y los recuerdos acumulados en aquella semana, todos ellos contienen mucha emoción.

A pesar de todo lo dicho, es una familia normal, con problemas, sinsabores, reveses y las preocupaciones que conlleva cualquier vida, pero más que nada, lo que allí se respira es armonía. Deduzco que ha sido siempre su forma de vivir desde el comienzo de la relación, quizá desde antes de comenzarla; ese modo de existir es algo que no se improvisa.

Sus mentes abiertas, sin tabúes, donde cualquier cosa puede ser hablada de una manera pausada, medida, sin estridencias, es otra característica de ese extraordinario grupo de personas que tuve la suerte de conocer.

Son conscientes de la realidad que les y nos rodea, están implicados en ayudar a los demás de diversas formas, ya que también hablamos de ello. No viven en una burbuja alejados de la realidad, sino todo lo contrario, podrían hacerlo, como tantos otros, pero no lo hacen.

Si habéis llegado hasta aquí en la lectura de esta entrada, estaréis pensando ¿ y esto qué tiene que ver con la Navidad?.

Las Navidades, desde mi actual punto de vista, se han convertido en una celebración carente de sentido. Ya sólo las entiendo cuando hay en casa niños pequeños. Por lo demás es una disculpa más para el mercantilismo más feroz.

Han perdido el sentido que tenían no hace tantos años, convirtiéndose en una loca carrera de compras de regalos que, frecuentemente, ni son agradecidos, sino que se perciben como una obligación por parte del que ofrece el regalo. Además y a veces, también como una batalla familiar con resultados inciertos.

Mucha gente, incluida yo misma, por diferentes motivos, hemos decidido que es el momento de poner tierra por medio y si es a un lugar donde no exista la falacia navideña, mejor que mejor.

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Vista desde la ventana del hotel en mi primera visita a Mumbai

Este año, que no puedo evaporarme, vuelvo la mirada hacia ese lugar de Oriente medio, con nostalgia. Allí SI encuentro un permanente espíritu navideño, aunque no se celebre la navidad, y me imagino envuelta en un invisible manto de cariño y serenidad con solo pensar en ello.

Deseo, de corazón, para todos vosotros, que vuestras vidas se llenen de esa paz interna que me invade cada vez que estoy en contacto con mi querida amiga Villoo. ¡Felices Fiestas!

 

Entradas sobre los Himalayas indios, el denominado Pequeño Tibet

Ladakh, Pequeño Tibet. Nueva Delhi

4.000 metros de Altitud. Leh

Festival Budista Tibetano

4  Imágenes para el recuerdo. Pequeño Tibet

Un atentado nos sorprende en Lamayuru. Pequeño Tibet V

 

 

Texto y Fotos: Luisa Vázquez

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